Alofoke y los candidatos de la chercha y comentocracia

PÁGINA 25 2 Santiago Matías (Alofoke)


Es más que célebre el concepto de Aristóteles situando la diferencia entre hombres y animales y lo relacionaba directamente con los medios expresivos. El animal tiene voz. El hombre, y es el único, en el reino animal, tiene la palabra.

Y la palabra es la que nos hace a todos. Sin ella somos un corruptible armatoste que se desplaza. A través de ella, cuando el hombre convence a la mujer, ésta abre las piernas, cuando el político seduce el ciudadano va como animal al patíbulo a la urnas, el locutor, con la palabra también, agita al jonrón, el canasto, el gol, estimula el aspaviento para amplificar la emoción en el fanático.

Estas reflexiones a raíz de la sorpresa de que un grupo de jóvenes haya decidido incursionar y aspirar en la política. De ahí que El Boli (Bolívar Valera), Alofoke (Santiago Matías), Aquiles Correa. Poco ha faltado para que algunos se rasguen las vestiduras sin entender que la degradación de la política empezó mucho antes y es más vieja que “el rascarse”.

PÁGINA 25 3 Aquiles Correa

¿Méritos de estos muchachos? Usar la palabra. Abrir la boca constantemente, comunicarse con un gran sector del público en esa chercha interminable que posibilita una oda citadina, a veces de mal gusto. ¿Su pecado? Quizás aspirar por un partido que es la antítesis de muchas cosas, un partido en sus postrimerías, un partido que pasa por algo más que un mal momento.

Pero la visibilidad que tienen da posibilidad. Y la oralidad que dominan (con sus atractivas precariedades) ellos lo saben. Y hasta el presidente Danilo Medina, que a la covacha de Palacio los llama. Pero esto no es nuevo, esto de gente de insospechados ámbitos sociales aspirando a importantes cargos políticos. Jesse Ventura, luchador y gobernador de Minnesota (1999-2003) y Arnold Shwarzenegger fisiculturista austríaco de voz aburrida, gobernador de California (2003-2010), son verbigratias siniestras.

Pero de la farándula al desastre no hay más que un paso. Recuérdense las gestiones de Johnny Ventura, Roberto Salcedo y Corporán de los Santos. A veces la luz del espectáculo no da para ocultar las sombras políticas que dejan estos personajes que quieren hacer política.

Aquí vale más la comentocracia. De estos litorales han salido El Boli, Alofoque y Aquiles Correa. Y tienen razón y hasta pueden ganar en una sociedad que tiene más preponderancia aquel que grita e insulta, que aquel que analiza y con inteligencia asume el ejercicio de la palabra.

Ninguno de estos muchachos tiene la pasta ni el recorrido político de un Héctor Acosta (aspirante a senador) ni de un Manuel Jiménez (candidato a la alcaldía de Santo Domingo Este). Estos últimos se han cocido políticamente entre la formación política y las preocupaciones sociales. Jiménez viene de una izquierda y de una consistencia en el servicio político, de un éxito artístico, arrollador, que lo genial roza. Acosta, de ser un crítico lúcido del acontecer cotidiano y un artista que se pasea con talento vocal extraordinario.

Hay que dejarse de vainas. Vivimos en la civilización del espectáculo, y si algo han demostrado Alofoke y conjunto es que tienen olfato para conectarse con el gran público.

Vuelvo y recurro a Aristóteles: todo, lo bueno y lo malo, se obtiene viviendo entre los hombres: la decepción, la felicidad, la náusea, y hasta la sorpresa, de ahí que participemos de estos sentimientos viendo a estos muchachos que en todo su derecho muestran sus aspiraciones en el fragor de una sociedad que al parecer da soberbios y preocupantes estertores.

PÁGINA 25 1  Bolívar Valera (El Boli)

Demos la bienvenida a Alofoke, Correa (lástima su retiro) y El Boli, pues para que el cuerpo se sane, la medicina mala tiene que entrar y participar de los juegos del cuerpo.
El autor es escritor y periodista.