Nada menos que el ministro de Interior ha confesado que al jefe de la Policía lo harían saltar del cargo, si intenta reasignar a más de diez mil agentes que fungen como espalderos de funcionarios, periodistas, empresarios, oficiales superiores y artistas.
Además de esa patética confesión, el doctor Franklyn Almeyda ha dicho que la jefatura policial no tiene control sobre esos efectivos que sumarían unos 17 mil si se incluye los que prestan servicios en legaciones diplomáticas y cuidan a generales sin funciones.
Almeyda dijo que las autoridades sólo controlan a 15 mil de los 32 mil policías, pero ha advertido que si el jefe de la institución, mayor general José Armando Polanco Gómez, intenta reasignar a ese personal, sería desalojado del cargo.
¿Quién o quiénes poseen tanto poder como para obligar al Presidente de la República a destituir a un jefe de Policía por intentar incorporar al servicio público a subalternos que cuidan las espaldas de particulares?
Asombra saber que sectores innominados dispongan de tan inmensa influencia como para lograr destituir al jefe de la Policía si se atreve a remover a 15 mil agentes que hoy sirven de choferes, jardineros, porteros, mandaderos o espalderos de gente con más miedo que vergüenza.
¿Cómo es posible siquiera pensar que el presidente Leonel Fernández cedería al tipo de amenaza que refiere el doctor Almeyda?
En ninguna parte del mundo el Estado dispone o permite que más de la mitad de la Policía esté al servicio de particulares, menos aun en una nación atribulada por el auge de la delincuencia.
El jefe de la Policía está en obligación de disponer cuanto antes el retorno a los cuarteles de esos agentes, sin hacer caso al temor de que saltaría del cargo. En todo caso, el general Polanco Gómez merecería ser destituido si no corrige esa anormalidad.
Para desvincularse de la gravísima advertencia de su ministro de Interior, el presidente Fernández está compelido a ordenar que esos policías sean transferidos a labores de patrullaje público.
Si se menciona desorden y privilegio, hay que hablar también de orden y pantalones.

