La legitimación cultural del crimen de la violación sexual a menores es una verdadera vergüenza para la sociedad encabezada por toda la administración del Estado dominicano que resistente plantada en la práctica de la cultura de la violación sin tratar de cambiar la realidad.
El crimen contra la menor de 14 años, Aneisy Ceballos de Jesús muerta a balazos por su hermana mayor de 23 alegando no fue su intención ya que su furia y propósito era atacar al “cuñado”, Enmanuel Núñez Batista de 20 años, “pareja” que ejercía violencia con la adolescente.
El señalado sobrevivió y niega que fuera un agresor pese a testimonios de esos maltratos en la vía pública que él llama “eran juegos”.
Le van a creer porque la cultura de la violación libera totalmente a los hombres y a la sociedad de culpa y forma parte de nuestro quehacer total: pensamos, hablamos, decidimos, establecemos, sea en el espacio que sea, a partir de esas creencias apoyadas por el poder patriarcal.
Desde la misma familia le llaman “cuñado”, “esposo”, “pareja”, cuando en realidad legal es un violador de una menor de edad. Y la prensa repitiendo sin criticidad alguna, pasa por encima la ley y exonera a ese “pobrecito cristiano” para normalizar una situación delincuencial comprometedora.
El Código para el Sistema de Protección de los Derechos de NNA, ley 136-03 de nuestro país señala los 18 año como la edad a partir de la cual hay capacidad para casarse y para consentir relaciones sexuales, lo demás es una relación de un adulto con una menor con 13 años, considerada abuso o violación sexual.
Por lo tanto, las relaciones desiguales con la menor muerta violentamente reconocidas por la familia y él, lo ubican fuera de la ley, así como a las personas adultas a cargo de esa niña que mantuvieron una complicidad permanente permitiéndolo.
La madre de la niña dice la prensa, lamenta que los medios la juzguen y defiende haber sido una buena madre porque, “lo que mi hija necesitaba, yo se lo daba. Yo no le negué comida, nunca nada, siempre andaba atrás de ella. Fui buena madre con mi bebé”.
Porque esa es la maternidad que se nos enseña y aprendemos a través de la que tuvimos.
Del padre no hay datos porque la paternidad es una pura inseminación, no compromiso.
Y el sistema, no previene: no entiende que la muerte violenta de mujeres y niñas es consecuencia de las prácticas culturales.
No trata de cambiar.

