Si el respaldo político que ha recibido de la comunidad internacional el Gobierno de transición en Haití se traduce en asistencia financiera y logística, la nación tiene más posibilidades de cantar victoria en la batalla contra las pandillas y organizar unas elecciones sin mayores traumas.
Estados Unidos llegó a desplegar tres barcos de guerra en respaldo al entonces primer ministro y actual presidente, Alix Didier Fils-Aimé.
A la intervención estadounidense han seguido el llamado de la Oficina Integrada de la ONU y la OEA, así como de República Dominicana y otros líderes internacionales al nuevo Gobierno haitiano.
Al cesar el 7 de este mes el Consejo Presidencial de Transición, se temía que Haití cayera en un vacío de poder, lo que en una nación sin instituciones se traduce en una especie de «sálvese quien pueda».
Compasión y respaldo teórico es lo que Haití más ha tenido; pero el país lo que necesita son recursos para luchar contra las pandillas que han sembrado la inseguridad y el caos, así como para saciar las necesidades más perentorias de la población.
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Con unas elecciones en el horizonte, el Gobierno haitiano tiene que crear condiciones mínimas para que sus nacionales puedan acudir sin temor y con confianza a las urnas.

