Balaguer fue quien leyó a Trujillo la carta pastoral que criticaba al régimen

http://img1.elnacional.com.do/image/article/206/209x400/0/7452614B-3DD4-41A2-A3F9-962DB6355169.jpeg


Fue el doctor Joaquín Balaguer, quien en la tarde del 31 de enero de 1960, hace 52 años,  leyó al dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina, la Carta Pastoral donde los obispos denunciaban las detenciones masivas y la ola de represión  contra la juventud dominicana.

El documento,  que fue leído en todas las iglesias,  en uno de sus párrafos expresa: “Es una grave ofensa a Dios suprimir los derechos individuales derivados del derecho natural, y que incluyen los derechos democráticos de libertad de conciencia, de prensa, de reunión y la defensa de esos derechos se antepone a la defensa de cualquier Estado”.

 Tan pronto  Trujillo tuvo conocimiento de la pastoral y de la aceptación que había  concitado en  la feligresía, el dictador convocó de urgencia a sus colaboradores, encabezados por su hermano, el presidente de turno Héctor B. Trujillo (Negro),  canciller, Porfirio Herrera Báez; el secretario de Interior,  Virgilio Alvarez Pina; Emilio Rodríguez Demorizi, director del  Archivo General de la Nación; el general  José Arismendi Trujillo Molina, director de La Voz Dominicana y el jefe del  Servicio de Inteligencia Militar (SIM), coronel Johnny Abbes García.

“Con  la Iglesia no se pelea;  tenemos que tomar esto con mucha cautela”,expresó Trujillo a sus contertulios, quienes asumieron posiciones encontradas.

Mientras unos  sugerían  la conveniencia de concertar con los obispos (Alvarez Pina) otros, con Johnny Abbes a la cabeza, respaldaban  la adopción de medidas enérgicas contra la iglesia.

La pastoral fue redactada por monseñor Juan F. Pepén,  quien   dirigía la diócesis de La Altagracia, en Higüey, luego de recibir  encargo del nuncio de su Santidad, Lino Zanini.

Pepén, como lo confiesa en su obra “Un Garabato de Dios” había expuesto a Zanini en varias oportunidades, lo mismo que al secretario de la Nunciatura, monseñor Luis Dossena, “la represión que contra la juventud mantenían los servicios de inteligencia del régimen”.

Particularmente les planteó el caso de un joven cibaeño que  le había solicitado protección ante la persecución incesante de los  miembros del SIM.

Cumpliendo la encomienda de Zanini, el obispo de Higüey preparó el borrador de un documento pastoral que sirviera de base para una declaración final.

El contenido de ese documento estaba dirigido a evitar males mayores por parte de  Trujillo y sus sicarios.

“Eso no basta, hay que llegar más lejos. Hay que denunciar las violaciones a los derechos humanos y reclamar un cambio”, le espetó Zanini a Pepén, cuando éste  le presentó el primer borrador. El  23 de enero se redactó el texto del nuevo y último borrador y los 6 obispos del país fueron convocados a la Nunciatura y de ahí partieron por diferentes vías hasta el Arzobispado, en la zona colonial,  donde después de deliberar dieron su aprobación al documento final.

En el Arzobispado firmaron la carta los obispos presentes y el propio Pepén fue comisionado a recoger la firma del arzobispo de Santo Domingo, monseñor Ricardo Pittini, quien por su ceguera y delicado estado de salud, había  quedado en la Nunciatura.

Luego de escuchar el contenido de la misiva, Pittini la firmó y  exclamó: “Que Dios  nos proteja”.

Después de la lectura de la carta, los miembros del SIM recibieron órdenes de colocar agentes encubiertos en todas las iglesias  con el propósito de obtener información sobre la reacción de la ciudadanía y la actitud de los párrocos, la mayoría de los cuales estaban reputados como amigos del régimen.

El balance fue desalentador, puesto que toda la feligresía se identificó con los obispos.

UN APUNTE

El papel de la Iglesia

Un sector de la iglesia Católica sirvió de soporte a la dictadura de Trujillo durante largo tiempo, al igual que durante el período post-trujillista, aunque la carta pastoral creó las fricciones que terminaron con esa relación. La carta fue escrita después de  30 años de dictadura.