Con la aceptación por parte del ingeniero Miguel Vargas Maldonado de la candidatura presidencial de Hipólito Mejía, concluye una preocupante crisis post electoral que afectó al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y produjo estrés en la débil estructura de la democracia política.
Sin renunciar al criterio de que los resultados de los comicios internos del PRD no reflejaron la voluntad de los electores, el ingeniero Vargas Maldonado aceptó la victoria de su rival e instó a sus seguidores a colaborar sin rencores, con desprendimiento para que esa organización triunfe en las elecciones de 2012.
Se resalta lo dicho por el actual presidente del PRD de que nunca exigió como vía de solución a la crisis interna que se le adjudicara la candidatura vicepresidencial ni extender su período como titular de la organización, como se había señalado, por lo que resultan válidas sus expresiones de que durante esa litis actuó con altura y prudencia.
La dirigencia y la membresía del partido blanco están compelidos a reconocer el gesto del ingeniero Vargas Maldonado de resignar legítimas aspiraciones en procura de un reencuentro partidario, que debería siempre apuntar hacia un escenario de sana unidad y de prevalencia de principios democráticos.
Al equipo ganador de la convención perredeísta, encabezado por el expresidente Mejía, le toca ahora corresponder con igual o mayor vehemencia la actitud de desprendimiento que se atribuye al líder de un sector que obtuvo el 46 por ciento de los votos emitidos en las elecciones internas del PRD.
El mal momento por el que ha pasado esa organización debería servir de reflexión y experiencia para que su dirigencia afine aún más los mecanismos democráticos y de participación a los fines de que en sucesivas elecciones o convenciones no se invoque nulidad de votación bajo el alegato de fraude o de irregularidad en la organización de esas consultas.
La democracia dominicana no podrá dar el gran salto adelante si los partidos mayoritarios que le sirven de sustento muestran debilidades institucionales que las más de las veces parecen crónicas, por lo que se reclama una dosis mayor de madurez en la dirigencia partidaria.
Al reconocer la victoria de su adversario en las elecciones internas del PRD, el ingeniero Vargas Maldonado ha ofrecido a la comunidad perredeísta y a toda la nación una incuestionable muestra de desprendimiento y de comprensión que ayuda a consolidar su condición de útil dirigente político y fiel soldado de la democracia.

