Opinión Articulistas

Buen uso de recursos

Buen uso de recursos

Pudiera considerarse una ilusión pretender que  el título de estas líneas sea tomado en cuenta por los que detentan el Poder. Sin embargo, los desatinos de quienes toman decisiones alientan la esperanza de que en algún momento reflexionen.

Tradicionalmente, hemos adolecido de comportamiento prudente en lo que tiene que ver con el gasto público. Se han aposentado en nuestro accionar dos doctrinas políticas indeseadas: clientelismo y populismo. Ambas  ocasionan daños y perjuicios considerables a la economía.

En la actualidad, las manifestaciones de mayor impacto están sintetizadas en subsidios no focalizados, exenciones eternas, exoneraciones generalizadas, pensiones indiscriminadas, hipertrofia de la nómina publica, obras no prioritarias, compra de vehículos de alta gama para funcionarios, y muchas más que sería prolifero enumerar.

Es oportuno señalar que quienes administran recursos del Estado, son custodios, no dueños de los bienes públicos. En ese sentido, están obligados a rendir cuentas en la que expliquen qué hicieron, cómo lo hicieron y con qué resultados. La ética no es opcional, es el fundamento de la función pública.

 La ciudadanía tiene derecho a exigir información y evaluar resultados. El gasto público debe ser eficiente y eficaz, hay que gastar bien; esto implica planificar, priorizar y evaluar el impacto real de cada inversión.

La ciudadanía también tiene responsabilidades; es decir: informarse como se usan los recursos públicos, exigir transparencia sobre cómo se usaron, denunciar irregularidades y participar en los procesos de consulta y revisión.

El buen uso de los recursos públicos no se logra solo con leyes; requiere cultura colectiva basada en la responsabilidad, la vigilancia y el respeto por el bien común. Cuando la sociedad entiende que lo público es de todos, se cuida mejor, se exige más y se avanza con mayor rapidez hacia un desarrollo justo y sostenible.

Proteger los recursos públicos es proteger el futuro. Es asegurar que cada inversión se traduzca en oportunidades, bienestar y progreso. Y sobre todo es honrar el esfuerzo de quienes, día a día aportan para que la sociedad funcione.