Cerebro de pareja



Pasó mucho tiempo para que el científico, sea de laboratorio de campo, se preocupara por hacer de sus investigaciones y sus conclusiones de realidades objetivas una noticia. Aunque los grandes descubrimientos terminan masificados, ellos siempre han trabajado para la posteridad.

Nunca contaron con ser famosos en medio de sus contemporáneos, sino con ocupar un lugar en los mejores salones de la historia del conocimiento. Fue a Alfred Nobel que se le ocurrió convertir al científico en un personaje noticioso a escala planetaria al instituir el premio.

Pero hay casos excepcionales, como el de Daniel Goleman, quien se hizo famoso al publicar su libro “La inteligencia emocional”, donde dejó claro que es el cerebro ecomocional, construido por los siglos, el que toma la mayoría de las decisiones, y no el cerebro consciente del hombre moderno.

En una simple anécdota hace el concepto entendible al narrar el caso de una mujer que contaba lo bien que la estaba pasando después de haberse dejado se su marido y mientras argumentaba que esa fue su mejor decisión, las lágrimas rodaban por sus mejillas.

Se trataba de un esfuerzo de ella, de hacer que el cerebro consciente engañara al emocional. Se había apartado de su marido conscientemente, pero emocionalmente estaba presa de sus sentimientos.
En estos días fue que nos enteramos que los seres vivos que cultivan y viven el pareja, cuenta con un cerebro más grande

Los que viven en manada no necesitan hacer gran esfuerzo, ya que tienden a tener una especie de “pensamiento común” y viajan siempre en una misma dirección Pero los miembros de una misma pareja cuentan con visiones diferentes del entorno y viajan en distintas direcciones. Debieron desarrollar el cerebro para permanecer en un mismo camino.

Eduardo Punset, quien ha recorrido el mundo para entrevistar a las más altas autoridades del pensamiento nos describe el fenómeno en un solo párrafo:

“Es cierto que parece extraño, pero lo fundamental es que el cerebro surgió para permitirnos organizar las relaciones con los demás. En el contexto de las manadas anónimas de muchos animales, a las bandas de muchas aves, imagino que no importa tanto con quién se interactúe ni es preciso contar con un gran ordenador para entenderlo.

En cambio, las especies que establecen vínculos de pareja, especialmente las que se unen para siempre en lugar de cambiar la compañera o el compañero cada año o en cada época de cría, tienen muchas dificultades para gestionar sus relaciones y necesitan un cerebro más grande.” Ese es el caso de la especie humana.