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China y Afganistán

China y Afganistán

José Antonio Torres

Con la retirada anoche  de Estados Unidos de Afganistán y la toma del poder de parte de los talibanes, las empresas chinas se colocan en una buena posición para explotar el potencial minero de la nación árabe, incluidas las tierras raras, que es donde se encuentran las minas de elementos químicos poco comunes en estado puro, que se utilizan en la fabricación de microchips y otras tecnologías de vanguardia.

Los expertos estadounidenses estiman que las reservas afganas tienen un valor de un billón de dólares, mientras que el gobierno de los talibanes la estima con un valor tres veces mayor que esa cifra.

Sin embargo, la semana pasada el periódico chino Global Times, que se especializa en temas internacionales  dijo que los empresarios del país asiático siguen midiendo los riesgos políticos y de seguridad en Afganistán.

Además, su capacidad para operar en Afganistán dependerá de cómo les afecten las sanciones occidentales que puedan adoptarse tras la retirada estadounidense, señaló el periódico.

En cambio, las empresas privadas chinas están ansiosas por entrar en un mercado en el que «hay mil cosas por hacer», indicó el diario.

Desde un punto de vista estratégico, el gobierno chino tiene buenas razones para adentrarse más en Afganistán: el país está situado en un cruce decisivo para la iniciativa china  de la ruta de la seda, que incluye proyectos comerciales y de infraestructuras también en Pakistán.

Pero al igual que a Rusia, a China le preocupa que Afganistán pueda ser utilizado como refugio para los extremistas de la zona.

Jonathan Marcus, analista diplomático y antiguo corresponsal de la BBC, afirma que China, que comparte una corta frontera con Afganistán, persigue activamente a su propia minoría musulmana y debe estar preocupada por la posibilidad de que los terroristas islamistas anti-chinos intenten utilizar Afganistán como base.

Por esa razón, dice que no es de extrañar que la diplomacia china se haya mostrado en las últimas semanas tan dispuesta a cortejar a los talibanes.

En el caso de Pakistán es el principal vecino de Afganistán y antes de que los talibanes asumieran el poder hace dos semanas, ya había en su territorio cerca de dos millones de refugiados, debido a que tiene una extensa frontera de cerca de 2,500 kilómetros, en terrenos agrestes y difícil de controlar.

Los analistas estiman que en las próximas semanas se podrían sumar otro millón de refugiados. Como vecino, Pakistán tiene mucho que ganar o perder con este cambio de poder en Kabul.

Nosotros compartimos una frontera de 350 kilómetros con Haití y no hemos podido controlar ni el contrabando ni el tráfico de personas. Tanto aquí como allá, el hambre y la inestabilidad política son el principal aliado de los migrantes.

Estas son solo algunas de las razones por la que Pakistán tiene mucho que perder con la inestabilidad en Afganistán, siendo, quizás, su capital Islamabad la región con más vínculos con los talibanes.

Los talibanes, o «estudiantes» en lengua pastún, surgieron a principios de la década de 1990 en el norte de Pakistán.

Por: José Antonio Torres [email protected]

El Nacional

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