Cine y sociedad



A Star is Born:

Cautivante y emocionante

“A Star is Born” es la cuarta versión de una historia originalmente escrita por William A. Wellman y Robert Carson, cuya primera adaptación a la pantalla grande data de 1937, con Janet Gaynor y Fredric March.
Cada una de las versiones anteriores fue, de una u otra forma, exitosa por sus propios méritos, siendo probablemente la más floja de ellas la adaptación de 1976 protagonizada por Barbra Streisand y Kris
Kristofferson, que entre otras cosas sobrepasó las 3 horas de duración.

Esta nueva recreación de aquella vieja fantasía romántica e inexorablemente auto destructiva tiene la fuerza, el impulso y el sentido mágico que envuelve a un film cautivante y emocionante. Con su música,
su energía y sus estupendas actuaciones, la producción no solo eclipsa a cualquiera de las versiones previas, sino que es incluso una de las mejores películas del presente año.

Dirigida, producida, coescrita y protagonizada por el actor Bradley Cooper y la cantante Lady Gaga, en su primer rol estelar, la película se centra en los aspectos decisivos de la relación entre Jackson Maine,
(Cooper), un veterano y popular rockero de música country, y Ally, (Gaga) una mesera a quien conoce por casualidad en un bar de travestis.

La primera parte de ‘A Star is Born’ es la más interesante e impresionante, y en ella el planteamiento y manejo de dicha relación es fundamental. Precisamente, dado que la película representa el debut como
director de Cooper, uno de los aspectos que más sorprende y llama la atención es el elevado grado de autenticidad y naturalidad que refleja la producción.

Desde el mismo inicio del film cuando se ve a Jackson –justo en el momento previo al inicio de un concierto– apurar varias pastillas, uno sabe, acepta y está convencido de que aquella, pese a la virtud
con la que toca la guitarra, es un alma enferma.

En ese sentido, la imagen que compone Cooper de su personaje es la viva imagen de un artista poseído por la pasión de su arte, pero sobre todo, por su dependencia del alcohol, y por supuesto, también de
las drogas.

Su manera de hablar, en tono bajo, contrario a la fuerza de su canto; su mirada perdida y su caminar pesado y vacilante, son un reflejo fiel de la estampa del rockero embriagado de excesos que tenemos registrada en nuestra memoria colectiva.