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La paradoja urbana: peatones desafían el peligro pese a los puentes elevados

La paradoja urbana: peatones desafían el peligro pese a los puentes elevados

Nadie usa el puente elevado para peatones de la avenidas Máximo Gómez y 27 de Febrero y las personas prefieren pasar entre vehículos en marcha y motoristas. Jorge González

Santo Domingo, RD.-  El semáforo acaba de cambiar, pero el flujo no se detiene. Esquivando vehículos a alta velocidad y yipetas que frenan de golpe, decenas de peatones arriesgan sus vidas a diario en la intersección de las avenidas Máximo Gómez con 27 de Febrero al cruzar la calle a paso de carrera.

Sorteando la imponente masa de un camión de carga que ruge a pocos metros y, sobre todo, vigilando de reojo el peligro más impredecible de las calles dominicanas: las motocicletas, que se filtran a toda velocidad entre los carriles sin importarles quién esté cruzando, una mujer cruza casi corriendo.

Pero quizás lo más preocupante de todo esto es que encima de esta escena de caos y adrenalina pura, se levanta la estructura sólida y solitaria de “un puente de peatones”. Está vacío, casi ornamental, contemplando desde las alturas cómo la gente prefiere jugarse la vida abajo antes que dar un rodeo seguro por arriba.

Nadie usa el puente elevado para peatones de la avenidas Máximo Gómez y 27 de Febrero y las personas prefieren pasar entre vehículos en marcha y motoristas./ Foto Jorge González
Nadie usa el puente elevado para peatones de la avenidas Máximo Gómez y 27 de Febrero y las personas prefieren pasar entre vehículos en marcha y motoristas./ Foto Jorge González

Esta es la cruda realidad de los principales cruces de la ciudad: una paradoja donde la prisa y la ley del menor esfuerzo empujan a cientos de ciudadanos a la vía pública, convirtiendo un simple cruce de calle en una escena de supervivencia extrema.

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Puente de peatones en el centro de la ciudad

Cruzar por el paso de peatones pintado en el asfalto se ha convertido en un deporte de alto riesgo. Aunque la ley estipula que la cebra es un espacio sagrado de prioridad para el peatón, en la práctica es una zona de combate donde se imponen la prisa y la ley del más fuerte.

Si los carros y camiones representan una amenaza por su volumen, los motoristas son el terror del peatón. Se deslizan por los puntos ciegos, ignoran los semáforos, transitan en vía contraria y no respetan el rayado peatonal.

«Cruzar la calle es estar pendiente de que un motor no te salga de la nada y te lleve de encuentro», relata un transeúnte mientras recupera el aliento tras cruzar la vía.

Sin puente para peatones ya sea elevado o tipo cebra, ni agentes de la Digesett que ayuden a cruzar las personas deben pasar entre vehículos en marcha. Jorge González

El peatón camina con el cuerpo tenso, midiendo la distancia de camiones que tardan metros en frenar y carros de concho que se detienen de imprevisto a recoger pasajeros justo encima de la cebra, bloqueando el paso y obligando a la gente a caminar entre los vehículos en movimiento.

La prisa del caminante es el gran motor de esta imprudencia. El cruce directo por la calle toma menos de un minuto. Subir el puente, caminar su longitud y bajarlo puede triplicar ese tiempo. En la prisa del día a día, la balanza de muchos ciudadanos se inclina hacia el riesgo con tal de ahorrar fuerzas y unos segundos.

¿Porque muchos ciudadanos no usan el puente para peatones?

Aunque el puente peatonal representa la seguridad absoluta contra el peligro del tránsito; arriba no hay parachoques, ni camiones sin frenos, ni motores calibrando. Sin embargo, la estructura sigue siendo ignorada por la mayoría debido a factores que van más allá de la simple comodidad.

En esta imagen se ve como un motorista y un vehículo deben frenar para permitir que las personas crucen por el peatonal cebra. Jorge González

Para acceder a un puente peatonal, el usuario debe caminar decenas de metros adicionales solo para llegar a la rampa de subida, y luego enfrentar una pendiente empinada o un sinnúmero de escalones.

Para quienes cargan mercancías, llevan niños de la mano o sufren de alguna dificultad física o de cansancio tras una larga jornada laboral, el puente se percibe como un castigo físico.

Aunque algunos justifican no usarlo en las noches porque según ellos los puentes peatonales suelen estar desiertos, a veces vandalizados, oscuros y cubiertos por vallas publicitarias que impiden que se vea lo que ocurre en su interior desde la calle, la verdad es que no tienen justificación de día.  

Puentes para peatones un desafío de cultura vial y diseño urbano

El desuso de los puentes peatonales frente al peligroso cruce por la cebra evidencia una desconexión entre la infraestructura y la psicología de la gente. El peatón siempre buscará la línea recta y el camino más corto.

Mientras no se logre un régimen de consecuencias severo que obligue a choferes y motoristas a respetar la cebra, y a los peatones a usar los puentes peatonales, las calles seguirán siendo el escenario de este peligroso juego diario.

Abajo, el peatón sigue desafiando a la muerte a paso veloz; arriba, el puente sigue esperando, mudo y vacío. Y en el asfalto sigue la imprudencia de los choferes y conductores.

No hay agentes de la Digesett en puntos sin puentes para peatones

En un recorrido de El Nacional por algunos lugares de mucho tránsito vehicular y peatonal no fueron vistos agentes de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT) a la vista.

El silbato que a veces impone un orden artificial hoy brilla por su ausencia. Estás solo. Tu única defensa es medir visualmente la velocidad de un autobús que se aproxima y calcular si tus piernas serán más rápidas que sus frenos.

Esta es la rutina diaria de miles de peatones en los puntos más críticos de la ciudad: una ruleta rusa urbana donde el derecho a transitar a pie se defiende centímetro a centímetro.

Para mencionar dos ejemplos sencillos: frente a la Puerta de El Conde en la calle Palo Hincado y en la avenida San Vicente de Paul frente a Mega Centro cruzar es una odisea peligrosa.

Trabajo de campo

Al salir de la estación de la Línea 1 del Metro de Santo Domingo, Juan Bosch, apenas a unos 10 metros esta la escalera del peatonal de Máximo Gómez, también está el cruce caótico de cebra que conduce al otro lado.

Desde la perspectiva de la planificación urbana de escritorio, la solución parece obvia: «¿Por qué arriesgan la vida abajo si tienen un puente arriba?».

El Dato

En Santo Domingo Este la alcaldía ha implementado un sistema de reductores o policías acostados en vías que cruzar de un lugar a otro es una verdadera odisea peligrosa.  

Jorge González

Periodista, fotógrafo, reportajista y editor fotográfico de El Nacional