Históricamente, la Alcaldía del Distrito Nacional ha sido el cementerio de los elefantes de la política dominicana. Desde la fundación de la República, el camino que separa el Palacio Consistorial del Palacio Nacional, aunque corto en distancia física, ha resultado infranqueable para figuras de la talla de José Francisco Peña Gómez, Rafael -Fello- Suberví o Roberto Salcedo.
Hoy, dos figuras emergen con la intención de reescribir esta historia: David Collado y Carolina Mejía.
Collado utilizó su paso por la alcaldía (2016-2020) no como un fin, sino como una vitrina de eficiencia técnica. Su estrategia se basó en alejarse del «politiqueo» tradicional para abrazar una imagen de gestor transparente y moderno.
A diferencia de sus antecesores, Collado no se quedó atrapado en el ayuntamiento. Su salto al Ministerio de Turismo le ha permitido «limpiar» el desgaste natural de la basura y el caos en el tránsito, proyectándose ahora como el arquitecto del éxito económico del país a nivel internacional.
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Las encuestas de este 2026 lo sitúan como el favorito sólido (con cifras que superan el 50% en mediciones internas del PRM), demostrando que ha logrado lo que otros no pudieron: que el electorado lo vea como una figura de Estado y no solo como un administrador local.
En tanto, Carolina Mejía ha tomado un camino más riesgoso pero orgánico. Al aceptar un segundo mandato en la capital, se expone directamente al desgaste del que Collado huyó, pero a cambio ha consolidado un control territorial envidiable.
Carolina no solo es alcaldesa, es la secretaria general del PRM. Esta posición le permite recorrer el país bajo el paraguas institucional, tratando de romper el «techo de cristal» del localismo que afectó a Manolín Jiménez o Franco Badía.
Su éxito depende de que su gestión sea impecable. Como bien señalan analistas políticos actuales, si la ciudad se «descalabra», sus aspiraciones presidenciales lo harán con ella. Sin embargo, su conexión con las bases y el peso del apellido Mejía le otorgan una estructura que los antiguos alcaldes rara vez tuvieron de forma unificada.
Existen tres razones por las cuales la «maldición» podría estar llegando a su fin en este ciclo electoral.
Una es la gubernamentalización de la alcaldía, pues ambos líderes han contado con el apoyo decidido del Poder Ejecutivo (Luis Abinader), lo que ha permitido ejecutar obras de alto impacto (como la recuperación de malecones y parques) que antes eran imposibles por falta de presupuesto. Esto reduce la percepción de «alcalde mendigo».
Mientras que los líderes del pasado (Peña Gómez, Fello) dependían del carisma de masas, Collado y Mejía utilizan una comunicación digital que nacionaliza sus logros locales de manera instantánea.
En el pasado, los alcaldes siempre chocaban con el «dueño» del partido (Balaguer, Bosch, el propio Peña). Hoy, el PRM parece estar más abierto a una sucesión basada en números y popularidad que en jerarquías inamovibles.
El veredicto histórico
La historia política dominicana enseña que el Ayuntamiento del Distrito Nacional es una jaula de cristal: se ve todo, pero es difícil salir. Sin embargo, tanto David Collado —desde su plataforma turística— como Carolina Mejía —desde la estructura partidaria— están ejecutando una maniobra de «despresurización» política.
Si uno de ellos logra la banda presidencial en 2028, no solo habrán ganado una elección; habrán derrotado el mito de que, para llegar a la cima del poder en la República Dominicana, primero hay que evitar, a toda costa, ser el dueño de las llaves de la ciudad.
Mientras David Collado juega al «voto aspiracional» desde una plataforma de éxito internacional (Turismo), Carolina Mejía juega al «voto de cercanía» y lealtad partidaria. La gran pregunta que queda en el aire para los analistas es si el pueblo dominicano premiará la gestión del día a día (con sus baches y soluciones locales) o la proyección de una imagen de éxito global.
Históricamente, el dominicano ha votado por el «líder de la esperanza» por encima del «gerente de la realidad». Si Collado o Mejía logran combinar ambos perfiles, la «maldición» de la alcaldía pasará a ser, simplemente, una anécdota en los libros de historia política.
¿Podría el desgaste de un segundo período en la alcaldía ser el mayor obstáculo para Carolina, o es la sombra de Collado su verdadero desafío?
Con mayores proyecciones
David Collado y Carolina Mejía son, sin duda, dos de las figuras con mayor peso político dentro del PRM en términos de proyección electoral. Collado ha construido una marca personal que trasciende las estructuras tradicionales del partido. Su paso por la alcaldía del Distrito Nacional y su gestión en el Ministerio de Turismo le han permitido cultivar una imagen de «gestor eficiente». Carolina posee un capital político anclado en la institucionalidad del PRM. Como secretaria general del partido y alcaldesa de la capital tiene un acceso directo a la maquinaria partidaria y a la base militante.

