Es previsible que el abrupto aumento en los precios internacionales de los combustibles a causa de la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, genere aquí una escalada alcista en los precios de productos esenciales, como advirtió el presidente Luis Abinader, pero también puede desencadenar una despiadada ola especulativa.
Es poco lo que el Gobierno puede hacer para tranquilizar el mercado de oferta de bienes y servicios cuando por razones externas ha dispuesto un alza de 15 pesos en los precios de la gasolina y el gasoil, lo que impactaría sobre los costos del transporte de alimentos, pasajeros y de la factura eléctrica.
La medicina que puede atenuar la subida de la inflación está relacionada con la distribución de subsidios focalizados a sectores productivos que figuran en la primera línea de afectación de la crisis, como el agropecuario, transportistas y los segmentos poblacionales definidos como vulnerables.
Esos subsidios resultarían insuficientes para contener los efectos inflacionarios generados por el súbito incremento en el precio del petróleo, aunque se resalta que el Consejo de Gobierno autorizó duplicar el monto de la partida consignada en el Presupuesto nacional para esos fines, que ahora es de RD$22.000 millones.
La estabilidad macroeconómica parece blindada con los US$16,000 millones de reservas internacionales que acumula el Banco Central, suficiente para garantizar la factura de importación durante cuatro meses y hacer frente a eventuales brotes de crisis cambiaria. También se resalta la fortaleza del sistema financiero.
La previsible especulación en la comercialización de artículos y servicios esenciales surge como el peligro mayor porque agrede la economía popular ya lacerada por el componente externo de incertidumbre, al pretender aumentar los precios muy por encima que lo que reflejarían las alzas del petróleo, fertilizantes y otros commodities.
Es verdad que los costos de fletes y seguro también encarecen el valor de las importaciones nacionales, pero el efecto combinado de subsidios focalizados y de inventario previo de mercancías debería surtir un efecto mitigador sobre la canasta básica.
Corresponde pues al Gobierno enfrentar con uñas y dientes al monstruo de la especulación, de un desbordante afán de lucro en quienes controlan áreas esenciales de la producción, intermediación y comercialización de bienes y servicios, para lo cual las autoridades deben utilizar todos los instrumentos jurídicos, legales, administrativos y fiscales a su disposición.

