Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) aún no certifica si la muerte de más de 150 personas en Haití y el internamiento de otras mil 500 a causa de profusos vómito y diarrea ha sido por el virus del cólera, las autoridades dominicanas están compelidas a imponer un rígido cordón sanitario en la frontera, para impedir que ese brote se expanda hacia el lado Este de la isla.
La OMS ha advertido la posibilidad de que el brote llegue a República Dominicana y el Colegio Médico de Haití sobre una situación de calamidad pública por lo que ya define como brote de cólera, una enfermedad provocada por la bacteria Vidrio choleare, que se caracteriza por provocar diarrea, vómitos, endurecimiento de las piernas y deshidratación, por lo que el paciente muere en pocas horas si no recibe atención adecuada.
Gran parte de la zona fronteriza carece de adecuados servicios sanitarios y padece de un acentuado déficit de agua potable, por lo que su población es vulnerable a la propagación de ese virus que se transmite a través de las heces del infectado, por ingesta de alimentos o líquidos contaminados.
La infección que se cree es cólera se ha expandido por gran parte del territorio haitiano, incluido comunidades que no resultaron afectadas por el sismo del 12 de enero, por lo que el riesgo de que penetre por la frontera es todavía mayor, más aun porque en la zona limítrofe operan mercados que congregan a miles de haitianos y dominicanos.
Si se compara con los daños de brotes epidemiológicos, como ha sido el dengue, hay que advertir que la penetración por la frontera y la región Suroeste sería también una catástrofe sanitaria como la que hoy abate al vecino.
Se requiere, pues, que el Ministerio de Salud no escatime esfuerzos ni recursos para literalmente colocar un sello sanitario sobre los más de 350 kilómetros de franja fronteriza, sin importar si la OMS certifica que el virus que ha causado más de 150 muertes y por sobre mil 500 internamientos es cólera u otro tipo de infección contagiosa o transmisible.
¡Qué cachaza!
Con todo y su visado de diez años, el padre Regino Martínez fue detenido en el aeropuerto de Fort Lauderdale, Florida, donde, según él confiesa, le retorcieron un brazo y después le violentaron cada uno de los dedos de una mano, para luego encerrarlo por más de 15 horas.
Cuando finalmente los oficiales de migración lo liberaron sin ofrecerle ningún tipo de explicación, el locuaz sacerdote viajó a Nueva York para hablar en una actividad comunitaria organizada por otro cura por la que se cobró diez dólares de admisión.
En vez de denunciar como un acto de xenofobia la actitud de los agentes de Inmigración que le retorcieron un brazo y le cancelaron el visado, el padre Regino dedicó su charla a acusar a los dominicanos de racistas y explotadores de inmigrantes haitiano. ¡Qué cachaza¡
