Editorial

Cruzar los dedos

Cruzar los dedos

Por tratarse el Presupuesto Nacional  del instrumento básico para impulsar el desarrollo,  el Gobierno debería enterar a la ciudadanía de todos los pro y  contras del proyecto de Ley General de Ingresos y Gastos Públicos 2011 que el Poder Ejecutivo ha enviado al Congreso, porque el fin y al cabo la población pagaría de nuevo los platos rotos.

El Consejo de Ministros aprobó hace más de un mes un proyecto de Presupuesto  ascendente a  390 mil 475 millones de pesos, lo que supone un incremento de once mil 478 millones  con respecto al  que se ejecuta en 2010, aunque el ministro de Hacienda, licenciado Vicente Bengoa, afirma que, en términos reales,  ese monto es menor que el actual.

El Gobierno incrementó en  más de cuatro mil 500 millones de pesos la partida  asignada a Educación (RD$41,568 millones) y a la de Salud, en  más de cinco mil, (41, 917 millones), aunque el ministro de Hacienda no  se refiere a la relación de esas partidas con el Producto Interno bruto (PIB),  quizás para no revelar el incumplimiento de la ley que ordena asignar  al menos un  cuatro por ciento del PIB a la cartera educativa.

No es fácil  entender cómo es que un Presupuesto que sobrepasa el actual en más de once mil millones, es nominalmente menor que  el que se ejecuta en 2010, máxime si se afirma que los ingresos del Gobierno se incrementarán en 2011 en más de 30 mil millones de pesos.

Un dato alentador en torno al diseño de ese presupuesto, se refiere a la promesa de que  el Gasto Público sólo se incrementaría en menos de la mitad  del incremento proyectado en las recaudaciones, unos 15 mil millones de pesos,  quizás en atención al compromiso con el Fondo Monetario de reducir  el déficit fiscal.

El presupuesto de 2011 parece indisolublemente atado  a la promesa de estabilidad monetaria y  al deseo de que los precios internacionales del petróleo no se desborden, pues los cálculos de ingresos y egresos  se sitúan  sobre un tipo de cambio de 37.90, una inflación menor de dos dígitos y un precio promedio del barril de crudo de 83.50 dólares.

Aunque se resalta que la partida de la Presidencia de la República se redujo en más de cinco mil millones,  todavía luce muy alta  la asignación de más de 36 mil millones a la discrecionalidad presidencial y de sus instituciones afines.

Donde la puerca parece retorcer  el rabo es  en la reducción de los niveles de financiamiento de ese presupuesto, de 115 mil  96 mil millones y en  las transferencias  consignadas al barril sin fondo sector eléctrico de 469 millones de dólares, y de casi 19 mil millones de pesos  para la recapitalización del banco Central. Mejor sería cruzar los dedos.

El Nacional

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