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martes, abril 7, 2020
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Depresión en los niños y el suicidio

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Siempre que un adolescente o un niño se suicida, los medios de prensa destacan el suceso como una noticia relevante. Pues los periodistas ni la población, conciben la validez o la justificación que pueda tener un jovencito que, se supone “no tiene problemas” en su vida, para autoinfligirse la muerte. Pero un niño o un adolescente pueden sufrir un trastorno de ansiedad generalizada, un periodo depresivo, una esquizofrenia, un trastorno de personalidad o un trastorno obsesivo-compulsivo como cualquier adulto.

Es decir, que la popular creencia de que un niño ni un adolescente no tienen por que deprimirse porque “no tiene problemas” es errónea, pues ellos igual que los adultos, si sufren a menudo deterioro de su estado de ánimo o simplemente caen en una depresión tan severa que lo lleva al suicidio.

Ha causado revuelo la noticia de que un jovencito residente en la secci6n La Canela, “se suicidó por la falta que le hacía su padre que también se suicidó hace nueve meses”, de acuerdo a lo publicado por la prensa. He publicado varios artículos llamando la atención sobre la alta tasa de suicidios registrada entre los adolescentes particularmente en la región cibaeña.

He señalado también que muchos de los actos criminales de gran riesgo y osadía cometidos por jovencitos, son realizados durante el periodo expansivo de la fase maníaca de una enfermedad maníaco-depresiva que padece. Que yo sepa, la Policía solo investiga el hecho criminoso en si, no el estado mental dominante en el autor del crimen.

En lo que va de año, en esta región los diarios han publicado 12 suicidios entre jovencitos y niños. Es decir, un promedio de casi dos por mes.

Eso es mucho si consideramos que los periódicos, normalmente, no publican los conatos o intentos de suicidio porque con mucha frecuencia la familia del niño o del adolescente perturbado se siente tan avergonzada y turbada con lo sucedido, que oculta el acontecimiento.

Recientemente, terminé la práctica clínica en el Departamento de Salud Mental del hospital Cabral y Báez, de una maestría que lleve a cabo en una de las ramas de la Psicología, y puedo decides que a pesar de saber que la depresión es la enfermedad mental más frecuente en la RD, comprobé que esa enfermedad, con los años, se ha extendido de manera brutal entre la población adolescente.

En la década del ’70, mientras hacía mi pasantía en el antiguo hospital Cabral y Báez, permanecí cuatro meses en el Departamento de Salud Mental que estaba dirigido en aquella época por el renombrado psiquiatra doctor Ramón Gómez Estrella.

Era él quien asistía no menos del 80% de los pacientes psiquiátricos a nivel público y privado de Santiago porque entonces, creo que apenas había dos o tal vez tres psiquiatras en todo el cibao.

Por eso, el director del hospital me puso allí para ayudarle.

Eran cientos, aunque si digo miles no estaría exagerando, los enfermos mentales que buscaban ayuda profesional para su sufrimiento que es peor que el sufrimiento físico, por si usted no lo sabía.

Muchos iban por depresión, pero rara vez iban adolescentes.

Sin embargo, hoy decenas de jovencitos son llevados por sus madres y hermanos con síntomas de alteración de su estado de ánimo, con cuadros depresivos leves y moderados, pero otros van con depresiones severas, incluso van con síntomas maníacos, y hasta maníaco-depresivos, los popularmente llamados “bipolares”.

De modo, que es urgente que la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud, proceda a investigar que está pasando con la salud emocional de millares de adolescentes y niños, de lo contrario niños y jovencitos continuarán quitándose la vida.

No tengo duda que los trastornos mentales de esa población son hoy más frecuentes que 40 años atrás.

En mi opinión, en el país ocurre lo mismo que en otros países latinoamericanos: Apenas el 10% de las personas con desequilibrio de su salud mental acude al psicólogo clínico o al psiquiatra en busca de ayuda.

En cuanto al jovencito de La Canela, hay que decir que si su padre recurrió al suicidio porque estaba deprimido y así duró meses o años sin recibir atención médica y su hijo vivió junto a él aquel sufrimiento, nadie debe extrañarse de que el muchacho también se deprimiera.

Incluso si al chico no le proporcionaron reeducación emocional para manejar su duelo por la muerte del padre, pues se deprimió y tuvo el mismo final que aquél.

Además, debo recordar que en las enfermedades mentales es común un fenómeno llamado “folié a deaux”, es decir, depresión o locura compartida entre varios.

Cualquier niño o jovencito que convive con una madre deprimida, hipocondríaca o psicótica, o con un padre con trastorno de personalidad, desarrollará los mismos síntomas que sus progenitores.

De ahí que toda la familia necesita ayuda profesional.

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