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Discurso pronunciado por el presidente del Senado

Discurso pronunciado por el presidente del Senado

CONGRESO NACIONAL

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL

DR. REINALDO PARED PEREZ,

PRESIDENTE DEL SENADO, EN LA

REUNION CONJUNTA DE AMBAS

CAMARAS CONGRESIONALES,

CON MOTIVO DEL MENSAJE QUE DIRIGE EL

PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA

REPÚBLICA, DR. LEONEL FERNANDEZ REYNA,

ACOMPAÑADO DE LAS MEMORIAS

DE LOS SECRETARIOS DE ESTADO

Santo Domingote Guzmán, D. N.
27 de Febrero del 2009.-

Excelentísimo Señor
Presidente Constitucional de la República,
Dr. Leonel Fernández Reyna

Excelentísimo Señor
Vicepresidente Constitucional de la República,

Dr. Rafael Alburquerque De Castro

Distinguida Primera Dama de la República,

Dra. Margarita Cedeño de Fernández

Honorable Señor Presidente
de la Suprema Corte de Justicia,
Dr. Jorge Subero Isa

Honorable Señor
Presidente de la Cámara de Diputados,
Lic. Julio César Valentín

Honorables Señores Secretarios y
Secretaria de los Bufetes Directivos
del Senado y de la Cámara de Diputados

Su Excelencia Reverendísima,
Josef Wesolowski,
Nuncio Apostólico de Su Santidad
Benedicto XVI y Decano del

Cuerpo Diplomático

Señores Miembros del Cuerpo
Diplomático, Consular y de los
Organismos Internacionales acreditados en el país

Honorables Legisladores y Legisladoras

Honorable Señor Presidente de la Junta Central Electoral,
Lic. Julio César Castaños Guzmán y demás miembros

Honorable Señora Presidente
de la Cámara de Cuentas de la República Dominicana,
Dra. Licelot Marte de Barrios y demás miembros

Autoridades Civiles y Militares

Invitados Especiales

Señoras y Señores:
Dos importantes motivos nos han seducido e invitado para estar presentes en este solemne Salón. Uno, para cumplir con el deber que nos impone la Constitución de la Nación, de observar las disposiciones previstas en su artículo 29, de “recibir el mensaje” del Presidente de la República, acompañado de “las memorias de los Secretarios de Estado” a que se refiere el inciso 22, del artículo 55, de la señalada Constitución. El otro, no menos trascendente, de  festejar un aniversario más, de la independencia de nuestro país, toda vez que un día como hoy, hace 165 años, un grupo de valerosos y preclaros patriotas llamados trinitarios, nos dieron nuestra nacionalidad, al amparo de las ideas más progresistas y liberales de la época.

Es por ello que, impulsado por la segunda parte del párrafo que antecede, procedemos a proclamar a viva voz: ¡Honremos, como en efecto honramos de forma reverente y por demás venerable, a Duarte, Sánchez y Mella y partir de ellos, a los insignes hombres y mujeres que en el devenir de nuestra historia nacional, han aportado esfuerzos y sacrificios, para hacer posible que en este pequeño territorio insular caribeño, siga existiendo un país que, forjado en base al coraje, el valor y el tesón de su gente, se hace llamar ante sus iguales del mundo, República Dominicana!.

Señor Presidente, colegas legisladores, apreciados invitados, pueblo dominicano, si pudiéramos entablar un diálogo con nuestros antepasados y atender sus requerimientos sobre el presente, estoy seguro de su asombro respecto a lo mucho que han cambiado y seguirán cambiando, las  cosas en el país donde vivieron y lucharon. Y lo primero que no tardarían en reconocer es, cómo, los hombres y las mujeres de hoy, nos hemos acostumbrados a convivir con una de las características distintivas de esta época: el cambio permanente, incesante y veloz, de hechos, acontecimientos y circunstancias, que norman y condicionan nuestras vidas como personas y como país. 

En el mismo diálogo con quienes nos han antecedido en la vida, ustedes coincidirían con quien les dirige la palabra, en las siguientes afirmaciones:

-Seguimos viviendo en el mismo territorio que nos han legado a lo largo de estos 165 años de vida republicana, con una diferencia notable e importante, que ahora quienes lo habitamos somos cerca de diez millones de dominicanos; que formamos un pueblo unido por la historia; que continuamos profesando nuestra fe en Cristo; que somos un pueblo  laborioso y solidario, que vive en paz consigo mismo y con sus vecinos, y que, sin embargo, no está libre de padecer múltiples problemas, limitaciones, desafíos y adversidades de todo tipo, que encaramos con firmeza,  guiado por el  espíritu de pertenencia a una nación hija de la dignidad ganada y defendida más de una vez, en condiciones y circunstancias verdaderamente heroicas.

-En el orden político, los dominicanos de hoy podemos dar testimonio, de que nos hemos acostumbrado a vivir en una democracia que, con altas y bajas, se ha ido consolidando por cerca de medio siglo. Somos  una sociedad más variada, más libre y abierta al pluralismo.   

Me permitiría incluso, perdonando la inmodestia, manifestarles que quienes estamos al frente de la cosa pública en esta hora de la historia dominicana, lo hacemos conscientes de nuestros deberes y de nuestro empeño por hacer avanzar el país por el sendero correcto.

Por ello afirmamos categóricamente, que para los buenos dominicanos, el país está y deberá estar siempre primero, que los intereses particulares que gravitan en el accionar de los individuos; que frente a grandes desafíos y amenazas reales, no queda otro camino que no sea actuar y enfrentarlos unidos; con acciones certeras y sin pérdida tiempo; ahora, pensando en el interés nacional y poniendo, en fin, toda nuestra fe y optimismo en el Todopoderoso.

Como legisladores de la República, nos corresponde seguir jugando nuestro papel con responsabilidad, entereza y transparencia; asumiendo los retos que demandan los acontecimientos, sin flaquear en lo más mínimo.

Apreciados colegas, recientemente la Cámara de Diputados convirtió en Ley, el proyecto remitido al Congreso Nacional por el Presidente de la República en el pasado mes de septiembre, a través del cual se convocaría a la Asamblea Nacional en funciones de Asamblea Revisora, para el conocimiento de una reforma constitucional integral.

Ese proyecto de reforma constitucional antes de su remisión al Congreso Nacional, fue sometido por la Presidencia de la República durante más de dos años, a extensos debates, análisis y discusiones, en numerosos sectores de toda la sociedad, lo que permitió recoger un universo de opiniones y posiciones, respecto de variados temas a ser incluídos en una nueva Constitución. Igual actitud asumieron las cámaras legislativas, desde ese mes de septiembre en que fuimos apoderados.

Ahora bien, en más de una ocasión hemos señalado, que la actual Constitución es del año 1966. Que la misma ha sufrido dos modificaciones. Una, en el año 1994. La otra, en el año 2002. Ambas, hijas de coyunturas particulares. La primera, para superar una grave crisis político electoral de ese año de 1994, mientras que la segunda fue limitada a la inserción de la figura de la reelección presidencial, para satisfacer las apetencias comiciales del Presidente de entonces.

Qué nos indican entonces esas experiencias? Que desde el año 1966 a la fecha, esas dos modificaciones constitucionales solo han obedecido a determinadas coyunturas y no al interés legítimo de darle al país, una Constitución que esté desligada de circunstancias específicas.

Por ello hemos dicho y seguiremos diciendo, que el conocimiento de un proyecto de reforma constitucional en los actuales momentos, es propicio e ideal, ya que no será para salir de una crisis determinada y ello permitirá que la Asamblea Nacional en funciones de asamblea revisora, proceda al tratamiento de la misma sin presión, bien pensada, sopesada y comedida. Avancemos, pués, colegas y démosle al país una Constitución que implique pasos agigantados hacia el fortalecimiento de la institucionalidad y el desarrollo de la Nación.

Actualmente una crisis sin precedentes se abate en todo el mundo, incluyendo, claro está, a la República Dominicana. Al referirse a la misma, Señor Presidente, le he escuchado decir en más de una ocasión, que ella debe verse  e interpretarse como un reto y una oportunidad para continuar avanzando. Y me acordé mucho de esa expresión suya, al recibir un mensaje de mi esposa en uno de mis correos electrónico, el miércoles de esta semana, en donde me transcribía dos párrafos del eminente y sabio científico Albert Einstein, sobre el concepto que tenía él sobre “la crisis” y la actitud que debía asumirse frente a ella. Al leer los indicados dos párrafos me dije,  “esto debo compartirlo y el mejor escenario sería este Salón y en este día, para que los presentes así como los que nos siguen por los diversos medios de comunicación, obtengan el mayor provecho de ello y puedan asimilarlo, para que, consiguientemente, sea llevado a la práctica y poder salir airoso de la referida crisis”.

A continuación aprendamos de estos dos párrafos sin desperdicio alguno. Cito: “No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar “superado”.

Y sigue diciendo el Señor Einstein: “Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países, es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”. Qué les parece. ¡Cuánto ingenio, enseñanza y sabiduría!

Después de esas sabias, agudas y talentosas reflexiones, no puedo terminar estas palabras que he venido pronunciándoles, sin antes referirme a lo siguiente: El año que transcurre es el 2009. El próximo 30 de junio se cumplirán cien años del nacimiento en este país, de un hombre que llevó por nombre JUAN BOSCH. He sostenido en otras ocasiones y reitero en este momento, aquí y ahora, que él es uno de los dominicanos con más parecido al fundador de la República. Su ejemplo, su memoria, su conducta intachable y la dimensión que le confería a la palabra dignidad, son, en estos tiempos que vive el país, la mejor pauta y el mejor referente, para seguir emprendiendo acciones en el ejercicio de todo aquel que desempeñe funciones públicas. Al ser declarado el presente año por usted, Señor Presidente, como el del “Centenario del Nacimiento del Profesor Juan Bosch”, invito a todo el pueblo dominicano, a todo el país, a celebrar con el mayor de los entusiasmos, ese acontecimiento histórico de nuestra nación.

¡LA DIGNIDAD NUNCA MUERE!

¡VIVAN LOS TRINITARIOS INDEPENDENTISTAS!

¡VIVAN DUARTE, SANCHEZ Y MELLA!

¡VIVA LA REPUBLICA DOMINICANA!.

Muchas Gracias.

Santo Domingo, D. N.

27 de febrero del 2009.-

El Nacional

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