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Los sistemas electorales asumen un conjunto de elementos que, combinados, traducen votos en escaños, esencia del sistema democrático representativo de partidos. Constituyen un conjunto de métodos que permiten convertir preferencias políticas expresadas en votos, en decisiones como selección de representantes.
Los sistemas electorales son “herramientas indispensables para que la democracia representativa funcione” y “para que los electos cuenten con legitimidad de origen” porque constituyen expresión de formación de órganos de representación política a través de elecciones.
En sentido general, los sistemas electorales pueden ser mayoritarios, proporcionales y mixtos. Nohlen y Reynoso Núñez advierten una diferencia fundamental entre representación por mayoría y proporcional. En la primera el candidato es electo tras alcanzar mayoría, absoluta o relativa, de los votos; la segunda intenta reflejar una representación política lo más exacta posible, distribuyendo escaños en proporción a votación obtenida por cada partido.
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En algunos sistemas mayoritarios se exige mayoría absoluta o un porcentaje mínimo de votos, y si el candidato más votado no logra obtener la mayoría requerida, es necesario realizar una segunda elección o ballotage, esto es más común en las elecciones presidenciales.
En cierta medida, esto reduce la sobrerrepresentación que generan los sistemas de mayoría relativa al partido más votado; pero en ambos casos las fuerzas políticas minoritarias suelen obtener una representación muy inferior a la votación obtenida, pues solo obtiene escaños aquel o aquellos partidos que logren quedar en primer lugar en cada distrito electoral.
En los sistemas de mayoría, cuando se emplean circunscripciones plurinominales la organización política que obtiene la mayor votación se queda con todos los escaños que la circunscripción concede. Este sistema se conoce como “suma cero” (caso EE. UU.).
En cambio, en los sistemas proporcionales la escogencia se hace por medio de fórmulas que procuran la proporcionalidad en la distribución de los escaños, donde su adjudicación es consecuencia del porcentaje de votos de los partidos políticos; empleando fórmulas electorales de divisores, como D’Hondt, o de cocientes, como Hare.
También existen los sistemas electorales mixtos, cuando se combinan elementos de sistemas electorales distintos. “Estos se dan en aquellos casos en los que hay más de una clase de unidad electoral y a cada una de ellas se les anuda una fórmula electoral que obedece en cada caso a un principio matemático distinto, de tal modo que una parte de los escaños se eligen mediante un sistema mayoritario y otra u otras partes se eligen mediante representación proporcional

