Editorial: ¿Quién podría defendernos?

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A pesar de la reducción de más de 500 millones de dólares en los ingresos por turismo y de temeridades políticas que inflaron incertidumbre, la economía cumplió en 2019 con sus metas de crecimiento, con baja inflación y relativa estabilidad cambiaria, pero no se aconseja apostar sólo a la suerte en 2020.

Los primeros cinco meses del año que viene serán de intenso escarceo electoral por las convocatorias a elecciones municipales para febrero, presidenciales y congresuales para mayo, por lo que haría falta que Gobierno y liderazgo político procuren alejar la economía del teatro de la guerra comicial.

A cierre de año, el sector de intermediación financiera alcanzará su mayor desempeño en términos de utilidades, sanidad de las carteras, incremento y diversificación del crédito, lo que sin dudas ayudó a impulsar las actividades económicas a pesar del difícil entorno externo.

Un informe de la Comisión de Estudios Económicos para América Latina (CEPAL), compara a la baja el volumen de inversión extranjera directa de 2019, respecto a 2017, cuando se produjeron ingresos extraordinarios por concepto de venta de acciones de la Cervecería Nacional Dominicana a una multinacional brasileña.

Los ingresos por ese renglón cerrarán en 2019 cercanos a los US$2,500 millones, el promedio alcanzado durante el último decenio, lo que coloca a la economía dominicana como una de las principales receptoras de inversión extranjera en proporción al Producto Interno Bruto (PIB), en América Latina.

Si el desenfreno o la temeridad contagian al debate político en 2020, entonces no sería posible que Gobierno, liderazgo político y sector empresarial dialoguen en torno a urgencias como la reforma fiscal, el pacto eléctrico, revisión de la seguridad social y del sistema de pensiones.

Vale la pena advertir que sin el decidido concurso de los candidatos presidenciales para garantizar acuerdos esenciales sin importar los resultados electorales, sería muy difícil mantener la proa de la economía en dirección al crecimiento sostenido ni mucho menos la estabilidad monetaria, control de inflación y endeudamiento.

En un indeseado escenario de incertidumbre política, al Banco Central y autoridades monetarias se les haría muy difícil reeditar el papel del “Chapulín”, por lo que si los actores políticos no recobran desde hoy mismo la sensatez, en 2020 afloraría la interrogante de “¿quién podrá defendernos?