Editorial: Razones compartidas

16_Opinión_07_1,p01


El gobernador del Banco Central y el ministro de Hacienda reflexionaron por separado sobre la necesidad o pertinencia de una reforma fiscal y el elevado nivel de evasión tributaria, variables que se entrecruzan para signar el curso de la economía.

Héctor Valdez Albizu cree que el país requiere una reforma fiscal, pero considera que se perdió el momento para aplicar esa iniciativa, en tanto que Donald Guerrero sostiene que “no tiene sentido trabajar una nueva reforma impositiva si no somos capaces de recaudar los impuestos bajo las leyes actuales”.

Aunque resulte contradictorio, a ambos funcionarios les asiste razón en sus respectivos planteamientos formulados a la revista inglesa Latam Investor, porque es verdad que urge una reforma fiscal y también es cierto que se requiere poner freno a la evasión y elusión tributaria.

El ministro de Hacienda estima que la evasión en el Impuesto a la Transferencia de Bienes Industrializados y de Servicios (Itebis) alcanza el 42% y que en los impuestos de rentas de personas y corporaciones se acerca al 50%, cifras que muy bien pueden ser definidas como escandalosas.

Para Valdez Albizu no tiene sentido que se exonere del Itebis a bienes de lujo como salmón o queso importado, porque las exenciones ofrecen oportunidad a la gente para evadir impuestos al registrar incorrectamente las ventas.
Gobierno, autoridad monetaria y gremios empresariales coinciden en la necesidad de encaminar una reforma fiscal integral que conjure las distorsiones en la administración tributaria y permita aumentar los ingresos y reducir los déficits en el sector público.

Valdez Albizu ha dicho una gran verdad al advertir que “esta administración perdió el momento para la reforma fiscal”, pero no menos razón le asiste al ministro Guerrero, quien cree que no tiene sentido una iniciativa de esa naturaleza, si el Gobierno no es capaz de recaudar los impuestos en base a las leyes vigentes.

La verdad es que no hay ni habrá en el corto plazo reforma fiscal, mientras la evasión tributaria bordea el 50%, por lo que es necesario aliviar los efectos de las distorsiones y déficits fiscales e insistir en incrementar las recaudaciones tributarias con los instrumentos impositivos que se tienen a mano.