Editorial: Sensatez y buen juicio

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La Autoridad Monetaria aplica o promueve un conjunto de políticas tendentes a garantizar cumplimiento de metas del Banco Central sobre indicadores de la economía, como crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), inflación, tipo de cambio y generación de empleo.

Tales propósitos no podrían alcanzarse, al menos no en los rangos previstos, sin el concurso de la clase política, muy dada a jugar a la ruleta rusa cuando la economía requiere una mayor dosis de certidumbre para poder desarrollar todo su potencial.

Se ha advertido que el entorno internacional presagia malos augurios para la economía mundial y particularmente para las emergentes o en vía de desarrollo, razón por la cual organismos multilaterales y agencias calificadoras reducen las perspectivas de crecimiento en términos regionales o nacionales.

El liderazgo político parece no entender el momento o punto de inflexión que vive República Dominicana en temas cruciales que amenazan con agravarse a menos que sean abordados de manera diligente junto al sector productivo y sociedad civil.

En las carpas circenses que se instalan para estos tiempos de primarias abiertas o cerradas, los postulantes no tratan con la debida crudeza temas relacionados con la reducción del turismo, inmigración haitiana, incremento en la factura petrolera y del déficit de cuentas corrientes.

La campaña electoral se limita al lanzamiento de confeti, sin que nadie mencione el peligro de tormentas económicas, políticas y medioambientales que se forman allende los mares, clara demostración de que aquí todavía se padece un aberrante insularismo.

¿Qué derrotero hubiese tomado la economía si el Banco Central no libera 35 mil millones de pesos del encaje legal y vierte más de cien millones de dólares en el mercado cambiario? ¿Cuál sería el precio del barril de petróleo si llega a gravarse aún más el conflicto entre Estados Unidos, Irán, Arabia Saudita y Yemen?

Las primarias no fueron instituidas para mercadear incertidumbre ni promover divisiones o debilitamiento de los partidos, sino para fortalecer la democracia, sin que el discurso o activismo electoral dañen la posibilidad de que a final de 2019 pueda cumplirse la meta de crecimiento del PIB (5.2%) y de inflación por debajo de la meta del Banco Central. Es sensatez y buen juicio lo que la sociedad pide.