¿Qué Pasa?

El amor ¿Qué tanto ha cambiado a través del tiempo?

El amor ¿Qué tanto ha cambiado a través del tiempo?

El modernismo ha traído tantas variantes de las relaciones de pareja, tantas formas, que de manera subjetiva podrían ser consideradas buenas, malas, interesadas y hasta enfermizas, que de repente nos preguntamos ¿Existe el amor? ¿Qué tanto ha cambiado ese sentimiento a través del tiempo?

“Sí, el amor existe”, responde la psicóloga clínica Clara Susana, agregando que “es mucho más que expectativas y no sabe de condicionamientos y de acuerdo al enfoque psicológico, esta pregunta no se responde desde el ideal, sino desde la observación del comportamiento, de los vínculos y de la capacidad que tenemos de conectar emocionalmente con otros a lo largo de nuestra vida”.

Afirma que el amor existe no como una emoción constante, ni como un estado de plenitud permanente. Existe como capacidad relacional, como la posibilidad de vincularnos de forma significativa y sana, de cuidar y dejarnos cuidar.

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“En ese sentido, el amor no ha desaparecido, aunque sí ha cambiado su forma: hoy convive con el miedo al abandono, el sentimiento de sentirse rechazado, la inmediatez y la dificultad para sostener la vulnerabilidad”, explica la experta del Grupo Profesional Psicológicamente.

Puede ser sanador

Clara Susana agrega que el amor puede ser sanador cuando se da en un contexto seguro. No porque elimine el dolor previo, sino porque ofrece un espacio donde puede ser reconocido sin juicio.

“Marian Rojas Estapé dice que “el amor lo cura todo”, y desde una mirada clínica esto puede entenderse como el poder reparador de los vínculos cuando hay presencia emocional, respeto y coherencia entre lo que se dice y lo que se hace”, cita la profesional.

Explica que “es por ello, que a pesar que nuestra historia de vida influye en cómo amamos, no nos define por completo. Las heridas del pasado nos condicionan, pero no determinan quiénes somos, ya que a través del autoconocimiento y la comprensión de nuestro comportamiento, es posible construir un amor propio realista, basado en la aceptación y en límites sanos. Este amor propio no aísla, sino que prepara para vínculos más conscientes”.

Desde ahí –dice- el amor compartido se convierte en una oportunidad para crecer y sanar juntos. No para salvarnos mutuamente, sino para acompañarnos e incluso cuando el miedo al rechazo está presente, el amor sigue siendo posible si no se confunde con dependencia o necesidad.

Concluye que cuando los intentos pasados no resultaron y el cansancio emocional hace que las defensas esten a flor de piel, el amor sigue existiendo de forma silenciosa, más allá de las expectativas, de nuestras heridas, más maduro y menos idealizado, sigue estando disponible, aunque no sea como pareja, también se manifiesta en la amistad, en la terapia, en la familia, en la capacidad de volver a confiar, entendido como vínculo seguro. Entonces la pregunta no es solo si el amor existe, sino: ¿estamos dispuestos a vivirlo desde la conciencia y no desde el miedo?