Opinión

El Bulevar de la vida

El Bulevar de la vida

“No, no le digan a mi madre que soy periodista, prefiero que siga creyendo que toco piano en un burdel .” Refranero popular, citado JLCebrián en su libro El pianista en el burdel.

Los hechos ocurren, generalmente anónimos y aislados.

De repente llega el periodista, los observa como a una amante nueva, los ausculta como un galeno flaco, olfatea por los alrededores, regresa a la redacción o a la sala de edición, se sienta en su Mac, redacta su nota, los da a conocer y ¡Zas! crea la actualidad.

Esa actualidad que crea el periodista, llega a nuestros sentidos y genera una percepción que supera a veces la mismísima realidad para, a partir de ella, ayudarnos a tomar decisiones, incluido por supuesto el voto electoral. Por eso, dicen los teóricos de la comunicación política que ya las elecciones se ganan o se pierden en los medios de comunicación, y en especial en la televisión. La época de la telecracia está aquí para quedarse.

El ciudadano de hoy, en su locura de modernidad y sus prisas todo el día, carece del tiempo para profundizar o confirmar una información. Por eso, mira el matutino entre café y tostadas, compra “la verdad” que le regala el matutino, el diario o la radio, y sale a comerse el mundo, a buscar la leche de los muchachos, convencido de esa “realidad”, que no es más que la actualidad que le hemos creado los periodistas con nuestras crónicas, opiniones. He ahí el gran valor de la prensa. De ese poder viene su riqueza y también es ese poder el que le acerca a tantas miserias.

Por estas y otras razones siempre se ha aconsejado a los políticos no pelear jamás con alguién que compre tinta o cintas de audio y video al por mayor. (Si ven a don Pepín,Vicini, Pellerano, Estrella-Garcia me los saludan todo el día… pues sí).

La prensa de cada país es la expresión de la democracia que lo gobierna,  expresa su salud o enfermedad. Como va el respeto al ejercicio de la prensa marcha el respeto a los derechos humanos del ciudadano. La prensa es el espejo sujetivo de la realidad del país, un espejo roto con un pedazo para cada quien, pero un espejo. Por ejemplo, el diario “El País” dice más de la democracia española que todos los manuales sociopolíticos sobre la transición. Para conocer los niveles de la gran democracia estadounidense, nada como echarle un vistazo a The New York Times. No es casual ni es cosa de Lucifer, que la primera víctima de una dictadura sea siempre la libertad de expresión y la libertad de prensa, aunque esta última haya devenido en ocasiones en vulgar acción de libertad de empresa, obviando la función social que todo periodista/medio está obligado a cumplir.

Así como Dios es la medida de todas las cosas, así la prensa de un país es la medida de su democracia. Una democracia que se expresa y se reinventa cada día, justo en el momento en que el ciudadano recoge el diario o enciende el programa de televisión o de radio; claro, si el elegido es El bulevarconPabloTV, esta columna entre Bosch, Sabina y Umbrales, o la nueva casa de Voces Propias en la Z, muchísimo mejor. Y gracias, gracias por la inspiración y el cariño.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación