ESTO PIENSO, ESTO CREO

Clientelismo político y gigantismo estatal: una crisis sin sorpresas

Clientelismo político y gigantismo estatal: una crisis sin sorpresas

Rafael R. Ramírez Ferreira

Los hechos clientelistas y bien promocionados dejaron de causarnos sorpresas, más bien, nos producen espantos y arritmias, al visualizar el camino por el cual nos están conduciendo, que, a simple vista, está minado. Y es que no pasa mucho tiempo sin que salga algún que otro de esos figurines o modelos de pasarelas, dirigentes de organismos parasitarios, proponiendo sandeces promocionales para derrochar, sin pudor alguno, los recursos que manejan.

Y, no es que sean insipientes estos nuevos vengadores, cabezas de organismos que nunca deberían haber existido en una real democracia, más bien les sobra el conocimiento intelectual y cultural para hacerlo como debería de ser.

Pero, la ética, la moral o escasez de ellas, son los factores fatales que se han desarrollado en su derredor cual, si fuésemos una monarquía o patriarcado, donde han logrado engancharse en este lucrativo negocio de la política partidista.

Algunos de estos esperpentos, aprovechando lo hecho por sus progenitores o “padrinos” anteriormente, han tenido la agudeza de crear sus famosos grupos de “Apoyo a”, que, luego de pasadas las elecciones, reciben su bonificación con la dirección de algún organismo del Estado, con la característica de siempre tener un buen presupuesto para repartir a borbotones y, sin consecuencias.

Esta peste política que nos acosa, pareciese que ya no tiene remedio alguno, que ya estamos donde, ese mantener toda una muchedumbre, de políticos y herederos, enamorados perdidamente de las ubres del Estado, es irreversible, pero, radicalmente están equivocados, porque, si observamos  un poco, nos daríamos cuenta, de que, desde los tiempos del derecho romano, tenemos en nuestras manos -y muchos pueblos ya se han vistos obligados a utilizarla- , la solución a este vergonzoso, abusivo y corrupto problema político, al asentir aquello de que: “Sublata causa tollitur effectus”,  o sea, suprimida la causa, se suprime el efecto.

Es decir, llevar a cabo algunas cosas tan simples y fáciles, como sería hacer desaparecer el gigantismo burocrático del Estado.

Buena cosa sería por ejemplo iniciar por hacer desaparecer el Ministerio de la Juventud; de la Mujer; de los “Onorables” de Ultramar; del aborrecible PARLACEN y las subdivisiones que han creado una inmensidad de órganos afines, como sería la dispersión administrativa y operacional del Transporte, sin siquiera referirnos a los estamentos de seguridad del Estado.

Es decir, mandar al carajo a todo organismo que solo existen como parásitos, en resumen, que eliminando la causa del clientelismo político absurdo, derrochador y descarado que existe, se elimina el efecto que nos estrangula institucional, moral, ética y económicamente como pueblo.

Como expuso Virgilio en su Eneida, que la naturaleza no da saltos, ya sea en este u otro tiempo, veremos desaparecer a estos lobos que se refugian en estas agrupaciones parasitas, creadas con el único fin de satisfacer ambiciones personales.

Pero, así son las acciones de estos políticos que, cual, si fuesen sapos, saltan de partido en partido solo en busca de satisfacer sus ambiciones, ya que, radicalmente, no persiguen ninguna doctrina, porque ningún partido la tiene.

Lo peor es que el organismo llamado a ponerle coto a esta situación, la famosa JCE, tampoco le pone o trata de ponerle candado a este deleznable negocio sobre la creación de “Grupos de apoyo a..”.

Nos dicen que estamos bien, pero, la realidad es que vivimos en un país de las ilusiones de humos; fantasías que cual ola, se estrella en la realidad de una existencia de ausencias éticas y morales, las cuales se han desvanecido en su lucha contra los arrecifes producidos por la vanidad, el engaño y la publicidad engañosa de un Estado cada vez más vulnerable al golpeo de las indelicadezas. ¡Sí señor!

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación