El de Capotillo: un monumento emblemático arropado por el olvido

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A pesar de constituir una innegable obra emblemática de estructura portentosa que llama a evocar uno de los hechos históricos de mayor connotación y repercusión en la República Dominicana, el imponente Monumento de Capotillo, muestra signos evidentes de un mayúsculo abandono y deterioro que deja al desnudo el poco interés de los dominicanos por aquilatar en su justa dimensión la significación de la Guerra Restauradora y sus heroícos protagonistas.

Inaugurado en 1986 y enclavado en una explanada donde reina el verdor y los frescos aires caribeños, su armazón de dos cuerpos, en forma de una ele, descansando en una espaciosa plataforma de concreto, poco a poco, como si nada importara, más que constituir un solemne santuario para honrar el patriotismo parece transformarse en la guarida ideal para las felonías al tiempo que su grama ha pasado convertirse en el pasto suculento de cuadrúpedos que deambulan por sus alrededores sin preocupar a sus dueños.   

Ubicado en una zona montañosa, a corta distancia de Loma de Cabrera, segundo municipio en importancia y tercero en el orden de fundación como demarcación política de la provincia Dajabón, el monumento Capotillo, luce en su desolación y deslustre que carece de dolientes interesados en que el fervor patrio dominicano perviva para siempre.

Filtraciones por doquier, robo de las letras de cobre que conformaban los nombres de algunos de los restauradores, levantamiento de adoquines, baños malolientes y deteriorados, sustracción de interruptores, luminarias y cables eléctricos, además de graffitis y rayones al llamativo mural donde se plasma parte de la epopeya del 16 de Agosto, al igual que las siluetas de sus valientes paladines, entre otras señales de irreverencia y profanación a la memoria histórica nacional, son huellas del descalabro observado de lo que originalmente fue concebido como un panteón en homenaje a los forjadores de la nacionalidad dominicana.

El monumento de Capotillo, santuario situado en el justo lugar donde retumbó el grito libertario y restaurador (1863-1865) con sus variopintos matices de desatención resalta en la actualidad como un auténtico templo del olvido.

Vale resaltar que en ocasiones, ya sea por dejadez de quienes están llamados a cumplir el deber patrio o por la falta inexcusable de recursos, el asta que resalta a pocos pasos del referido Monumento, apostada en el preciso lugar donde se produjo el Grito de Capotillo, ofrece la vergonzante imagen de no exhibir, a cielo abierto y por los cuatro vientos, el glorioso paño tricolor dominicano.

La mayor parte de los cubículos, diseñados en un principio para ser utilizados como oficinas administrativas o espacios para la preservación y exposición de algunas de las pertenencias de los artífices del movimiento restaurador, actualmente permanecen vacíos, con sus ventanales de cristal rotos y sus paredes mugrientas, mientras en varias de las escaleras de acceso es posible encontrar botellas de bebidas alcohólicas ingeridas en la celebración de una interminable parranda en cualquier noche de luna llena.

Inadmisible realidad es frecuente vivir en el Monumento de Capotillo no obstante se presume que para el mantenimiento y la vigilancia del majestuoso santuario histórico-patriótico se cuenta con un mínimo de recursos económicos y un personal militar, cuya fortaleza está ubicada a pocos pasos del panteón en honor a los restauradores.

No debe ser olvidado que al momento de su inauguración la vigilancia del Monumento de Capotillo quedó bajo la responsabilidad los miembros del Ejército Nacional que conformaban el denominado Batallón Abejas, ocupando una espaciosa y resistente edificación que, en el presente, luce desolada, sin ventanas y puertas y en donde apenas se observa un reducidísimo número de agentes militares.

Sobre la existencia y labor realizada por “los guardias de capotillo” , como algunos moradores de la zona nombran, existen quienes consideran que, definitivamente, deben ser trasladados a otro punto de la geografía dominicana donde podrían ser más útiles y que la destartalada fortaleza pudiese ser convertida en una valiosa escuela agroforestal en donde también funcione un patronato, que además de organizar y realizar constantemente actividades, proteja y se encargue del mantenimiento físico del  Monumento, tanto por su connotación como por el atractivo que llegaría a tener en el orden turístico.

De igual manera, directivos de algunas de las organizaciones que conforman las consideradas “fuerzas vivas del municipio de Loma de Cabrera”, han sugerido que en ánimo de devolver el esplendor, la solemnidad y el dinamismo al Monumento en cuestión, sería interesante que el primer mandatario de la nación, mediante el recurso constitucional pertinente, estableciera que por lo menos dos veces en cada cuatrienio gubernamental, en fecha 16 Agosto, el Presidente de la República encabezara los actos oficiales correspondientes a la efeméride patria, teniendo como escenario el referido santuario restaurador.

Ya es hora de vencer la abulia y henchido de fervor patriótico acudir al remozamiento que devolverá a uno de nuestros más grandes monumentos, por su significado alusivo a la gesta restauradora,  su prístina belleza en interés de que puedan lucir reverdecidos los inmarcesibles laureles de la gloria.