El Gobierno ha lanzado por todo lo alto el libro que recoge diagnóstico y recomendaciones sobre la economía dominicana contenidos en un informe que preparó el afamado consultor francés Jacques Attali, cuyas conclusiones son las mismas que se han vertido en numerosas investigaciones realizadas por expertos nacionales al servicio de instituciones públicas y privadas.
Con el Informe Attali se repite la pesarosa historia de que en República Dominicana nada se cree ni se atiende a menos que sea dicho por un extranjero, a quien siempre se le presta la mayor de las atenciones, en la misma proporción que la indiferencia a la que se condena las opiniones de actores locales.
Attali, un renombrado intelectual anglófono, nacido en Argelia, que ha sido asesor de los presidentes François Mitterrand y Nicolas Sarkozy, presidente del Banco Europeo para la Reconstrucción y Desarrollo y autor de numerosos ensayos sobre economía, política, literatura y relaciones internacionales, fue contratado por el Gobierno para producir un informe sobre Desarrollo estratégico de la República Dominicana 2010-2030.
Se resalta que los insumos para ese informe fueron elaborados o levantados por técnicos dominicanos, que también participaron en las discusiones en torno a las medidas de políticas públicas que deberían encaminarse para que la economía salte al pleno desarrollo en los próximos 20 años.
Aun así, no se resta trascendencia al Informe Attali ni valor a las recomendaciones y reflexiones que el afamado economista ha hecho en base a los diagnósticos levantados y a las perspectivas que se trazaron en ese estudio.
Las sugerencias contenidas en ese informe respecto a la imperiosa necesidad de solucionar la dilatada crisis eléctrica, la eliminación de los fondos públicos que legisladores manejan a discreción y el otorgamiento del cuatro por ciento del PIB a la Educación son remedios que ya han sido recetados, aunque nunca administrados a la enferma anatomía económica y social de la República.
Lo mismo puede decirse sobre la recomendación para que se cree una institución financiera que fomente el microcrédito, la mejoría de la oferta turística, mayor eficiencia en el cobre de impuestos y férrea defensa del medio ambiente y de los recursos naturales.
Quizás ahora, que un extranjero de buen pedigrí y nombre sonoro ha repetido lo que todos saben, Gobierno y sociedad se aboquen con denodada voluntad política y cívica a aplicar el librito de medicina casera, ahora patentizado en un recetario denominado Informe Attali, que ha descubierto que la desigualdad y la pobreza constituyen el principal desafío de la democracia dominicana en el siglo XXI.
Los restos del cacique Guacanagarix, donde quiera que se encuentren, deberían ser trasladados al Panteón Nacional, en tributo al personaje de mayor influencia política y anímica sobre el gentilicio dominicano.

