Recientemente el Instituto Tecnológico de las Américas (ITLA) ha venido apareciendo en los titulares de los medios por las razones equivocadas, pero esto no debe desviar la atención sobre en lo que esa entidad se ha convertido.
En unos 25 años el ITLA ha pasado de ser el sujeto de chistes sobre los supuestos sueños inalcanzables de desarrollo de los dominicanos como era visto en sus inicios, hasta hoy ser una de las herramientas más importantes del Estado dominicano en la educación técnica, la investigación y el desarrollo.
De sus aulas y laboratorios han salido docenas de miles de técnicos en múltiples ramas que hoy enorgullecen a nuestro país por su desempeño aquí y en el exterior, y el impacto que tienen en el día a día de nuestra economía con su trabajo. Adicionalmente el ITLA ha aportado, con el esfuerzo de sus estudiantes y egresados, múltiples soluciones prácticas de las cuales se han beneficiado el Estado y miles de dominicanos.
En las décadas desde el inicio de sus operaciones el ITLA, con sobradas razones, se ha convertido en un orgullo nacional y una muestra de lo que podemos alcanzar como país si nos lo proponemos e invertimos adecuadamente hacia una meta. Los eventos recientes deben llamarnos a la necesidad de cuidar lo que allí hemos construido, promoviendo una mejor gobernanza donde se descentralice la toma de ciertas decisiones.
Adicionalmente, el ITLA debe seguir moviéndose en la dirección de alcanzar su autosostenibilidad económica y reducir su dependencia del Estado. Esto necesariamente va a requerir incluir dentro de su oferta programas con titulación universitaria que puedan atraer más estudiantes, especialmente del extranjero, y empezar a monetizar los desarrollos alcanzados dentro de sus aulas.
Esto implicaría los primeros pasos para reorientar al ITLA de una entidad enfocada en la ejecución técnica (enseñando el “como”) hacia una orientación más en la frontera de las ciencias (promoviendo el “qué sigue”).
La introducción de programas de bioingeniería y biomedicina que promuevan la investigación sobre enfermedades tropicales y sus vectores de contagio podrían servir de punta de lanza en una nueva etapa para el ITLA, donde esta se pueda enfocar más en la innovación y pueda atraer estudiantes de todo el mundo que no solo le sirvan para crecer su reputación técnica, sino para también darle sostenibilidad económica en el largo plazo.
República Dominicana no puede permitirse ver degradada la reputación ni efectividad del proyecto que ha construido en el ITLA, por el contrario, debe apoyarse en la ambiciosa visión que sirvió para su creación para seguir llevándole lejos y hacerle crecer más allá de nuestra frontera.
El potencial está ahí, sus docentes, estudiantes y egresados son prueba viviente de ello, solo nos falta dejarles brillar y que sigan con el mismo impulso que les ha traído hasta donde están hoy.

