Cualquier reflexión sobre el 2026 girará en torno a la disyuntiva de recibirlo con optimismo o pesimismo, quizás con más razones para la desesperanza que para la certidumbre, aunque con fervientes deseos de que afloren indicios de que la humanidad abordará decididamente el carruaje de buenas noticias.
Con la intención de evitar contagio de desilusión, podría afirmarse, sin faltar a la verdad, que el nuevo año llega cargado de desafíos y que el control de la mayoría esos retos están fuera del alcance de República Dominicana, por provenir de conflictos geopolíticos en esferas de las grandes potencias.
En comparación con una agenda global que afronta cambios climáticos, guerras, disrupción comercial, crisis económica, desbordamientos migratorios, conflictos por agua, petróleo y tierras raras, los desafíos dominicanos serían insignificantes, aunque vistos y sufridos desde adentro resultan preocupantes.
Al admitir que el vaso no está medio lleno ni medio vacío, sino a mitad de su capacidad, se requiere abordar el 2026 con inusitado optimismo, sin llegar a la incontinencia fantasiosa que haga más fútil al remedio que a la enfermedad.
Conviene que de manera individual, familiar o corporativa, los dominicanos elaboren sus respectivos listados de prioridades que deberán abordar o enfrentar con determinación en el nuevo calendario, en la seguridad de que no pocos males serían erradicados o mitigados.
Gobierno, liderazgo político, Congreso, Ministerio Público, Orden Judicial, empresariado, sociedad civil, academia y sindicatos tienen el ineludible compromiso de afrontar los trastornos económicos, sociales, políticos y éticos que agobian a la sociedad dominicana.
El 2026 hereda una fatídica genética, que se traduce en corrupción, crisis eléctrica, déficit fiscal, endeudamiento, desaforada inmigración, falencias en el sistema educativo, en los servicios de salud, seguridad social, vivienda, generación de empleos dignos y agua potable, entre otros males.
En Europa circula una lista de 44 buenas noticias que deberían signar al naciente año, entre las que se incluyen el aumento de la esperanza de vida, reducción en las muertes de niños y de la pobreza extrema. Aquí también se requiere de enumerar buenas nuevas que alienten optimismo. Por lo pronto, lo ruegos son para que todos los dominicanos recolecten optimismo y esperanza en el nuevo año.

