La guerra de Irán está próximo a cumplir un mes, período durante el cual los precios del petróleo se incrementaron en alrededor de un 60 %, sin perspectivas de reducción significativa ni aun cuando el conflicto concluyera mañana, por lo que sus efectos devastadores sobre la economía se sentirán mucho tiempo después.
El presidente Donald Trump ha dicho que Estados Unidos encamina conversaciones con Teherán en procura de un acuerdo que ponga fin a la guerra, lo que ha sido desmentido por el régimen de los ayatolás, aunque las partes confirmaron que Pakistán ha tramitado al gobierno iraní la oferta de Washington de entablar negociaciones.
Aunque los precios del crudo ingresaron en una fase de especulación azuzada por declaraciones contradictorias del presidente Trump sobre el probable fin de del conflicto, lo que causa baja o subida drástica de precios, se vaticina que el nivel del barril de petróleo oscilaría entre 90 a 110 dólares.
Para República Dominicana esa sería una noticia desconcertante porque significaría un aumento promedio en la factura petrolera de entre 35 a 40 dólares por barril, lo que impactaría severamente sobre la economía, si se toma en cuenta que aumentaría en más de 470 millones de dólares anuales.
Por tratarse de un impacto externo sobre casi todos los indicadores económicos en especial inflación, empleo y reducción de perspectivas de crecimiento económico, se requiere que Gobierno, liderazgo político y sector productivo cultiven vías de consensos en torno a cómo afrontar la crisis del petróleo.
El presidente Luis Abinader anunció que el Gobierno dispondría de diez mil millones de pesos para reforzar subsidios a los combustibles y a sectores vulnerables, así como mil millones a los fertilizantes, a lo que se suman propuestas del expresidente Leonel Fernández y del Partido de la Liberación (PLD).
Fernández sugiere promover la creación de un mecanismo de colaboración entre países productores de la región, como Colombia, México, Brasil y Ecuador para ofrecer condiciones más favorables en el pago de la factura petrolera, en tanto que el PLD propone subsidios focalizados, ajuste estructural y fortalecimiento del sector productivo.
Todas esas útiles propuestas con mayores detalles y formas de aplicación deberían colocarse, junto a las expuestas por el sector productivo, sobre una mesa de amplia concertación que ayude a mitigar el impacto de una crisis de ribetes devastadores. En momento tan aciago, la salvaguarda de la estabilidad macroeconómica y la gobernanza del país deberían ser lo primero.

