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El poder de la mentira

El poder de la mentira

José Antonio Torres

Este artículo sigue la línea empírica que venimos realizando para demostrar la influencia que tiene el conocimiento social sobre la mentira en la evaluación sobre la credibilidad de las personas.
Hemos intentado hacerlo mediante el diseño de situaciones que aún controladas, recogiesen de la forma más aproximada posible las características de una interacción comunicativa real donde puede aparecer la mentira.

Una conclusión importante es que cuando personas no entrenadas tienen que decidir sobre la credibilidad de personas desconocidas y los mensajes de éstas incluyen información relacionada con el conocimiento social sobre la mentira.

Con estos resultados podemos apuntar algunas explicaciones a la reiterada falta de precisión que caracteriza a los estudios sobre detección experimental de la mentira.

En primer lugar, podríamos apuntar que sí los juicios están determinados por la prototipicidad de la información presentada, la presentación de mensajes que contuvieran, sin controlarlo los investigadores, información relacionada con el conocimiento social y subjetivo sobre la mentira, permitiría a los jueces tener un marco de referencia sobre el cual elaborar los juicios, afectando por tanto a la precisión en la detección de mensajes falsos y verdaderos.

Por otra parte, y tal como distintos estudios han mostrado, no todas las conductas consideradas indicadores de mentira, son utilizadas para detectar la mentira.

Cuando los investigadores pre s e n t ab a n mensajes falsos, que incluían indicadores de mentira y encontraban que los niveles de detección no se apartaban significativamente de lo esperado por azar, podría haber ocurrido que los detectores no consideraran como falsos tales mensajes porque las conductas que en ellos se presentaban no las tenían categorizadas como típicas de mentira, es decir, tales conductas no coincidían con las conductas que ellos creen asociadas a la mentira.

Así, los juicios formulados teniendo como re fe rente las propias categorías y los indicadores subjetivos, acaban siendo imprecisos, siendo la baja precisión de los juicios la característica más común en las investigaciones empíricas sobre detección experimental de la mentira.