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Nagua y Rio San Juan refugios perfectos para Semana Santa entre playas, lagunas y naturaleza virgen

Nagua y Rio San Juan refugios perfectos para Semana Santa entre playas, lagunas y naturaleza virgen

Transitar por la carretera Nagua-Rio San Juan es una bella travesía por el verdor y los contrastes de colores que asume el Océano Atlántico bajo un intenso sol./Foto Jorge González

Con la llegada de la Semana Santa, como en años anteriores, El Nacional recorre el país para recomendar destinos que trascienden el «sol, playa y arena«, y en esta ocasión, el eje turístico de Nagua y Río San Juan se presenta como una opción inigualable, fusionando reservas naturales vírgenes con la esencia del ecoturismo cultural del nordeste.

El trayecto
El viaje de por sí ya es una hermosa aventura y comienza desde que se deja la carretera Juan Pablo II, que une los destinos de Santo Domingo y Samaná sobre una cinta de asfalto impecable, y aunque la vía presenta tramos a tomar con cuidado, su trayecto es seguro siempre que se maneje con precaución.

Los encorvados cocoteros sobre las arenas blancas de las playas en Nagua parecen bailar al ritmo del viento marino./Foto Jorge González
Los encorvados cocoteros sobre las arenas blancas de las playas en Nagua parecen bailar al ritmo del viento marino./Foto Jorge González

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Su conducción es fluida, y la topografía permite que la vista se pierda en el espectáculo que flanquea el vehículo a ambos lados de la vía. El verdor es impresionante, algunas veces entre montañas y subidas y bajadas leves.

Luego se toma la carretera de dos carriles, Nagua-Río San Juan, perfectamente señalizada, que conduce a estas comunidades. Esta vía, con sus líneas blancas y amarillas bien definidas, se estira como un trazo moderno que corta la naturaleza salvaje.

El nombre marca de Nagua

Nagua-Río San Juan

A mano izquierda, el verdor profundo de la vegetación dominicana parece una muralla de vida. Es un verde eléctrico, denso, donde los árboles se agolpan buscando el sol. Pero al girar la mirada a la derecha, el horizonte estalla en una paleta de azules infinita en el océano Atlántico.

Bordeando la ruta, los gigantescos cocoteros se elevan como palmeras infinitas, inclinándose hacia el mar, como si quisieran tocar el agua. Sus troncos curvos añaden una geometría orgánica al paisaje, interrumpiendo rítmicamente la visión del océano.

A medida que el trayecto avanza, las playas revelan su secreto mejor guardado: una virginidad caprichosa. Es un paisaje que no solo se ve, sino que se siente en la brisa salina, en el intenso sol y en la variada calidad de arenas en toda la zona.

Nagua

El municipio de Nagua se posiciona como un epicentro gastronómico donde los mariscos y el coco son parte de la comida del día a día. Los visitantes pueden disfrutar de un pescado con coco, que es patrimonio del paladar dominicano, acompañado de un locrio de mariscos frescos capturados el mismo día.

Sin importar si estamos o no en esta Semana Santa, las tradicionales habichuelas con dulce se sirven en lugares informales a todo lo largo de la orilla de la carretera.

También en la orilla de la vía se pueden encontrar lugareños que se encargan de vender cocos y pequeñas casetas que ofrecen mariscos cocinados como en restaurantes.

Playas y balnearios

En playas, la oferta es variada y muy exquisita. Está la Playa Arroyo Salado (La Entrada), con más de 4 kilómetros de arena blanca, cocoteros y la unión de un río con el mar. Se incluyen además las playas: Los Gringos, Diamante, Cabrera y La Poza de Bojolo, entre otras.

Los visitantes que buscan movimiento al aire libre pueden encontrar la oferta medioambiental en la Laguna Dudú, ideal para el buceo de cueva.

También está el Monumento Natural El Saltadero, un salto de agua dulce rodeado de densa vegetación, perfecto para un chapuzón refrescante después del salitre del mar.

El nombre marca de Rio San Juan./Foto Jorge González

Río San Juan

También llamado el Pueblo de las Aguas de Cristal o la «Costa Verde«, Río San Juan es un municipio pintoresco que combina la elegancia de playas vírgenes con la rusticidad de sus manglares.

Si lo que se busca es agua, sol, arena y belleza medioambiental, donde se puedan pasar unos días, este municipio es un paraíso natural con algunas de las mejores playas del Caribe.

Algunas playas como Caletón, Grande, Preciosa, Los Minos, El Puerto, Piscina Natural, Los Guardias y Los Enamorados son de las más hermosas del mundo.

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Si su plan de Semana Santa incluye aire puro y aventura, será obligatorio visitar la Laguna Gri-Grí, un ecosistema de manglares en el mismo centro del pueblo.

Desde allí, botes locales guían a los visitantes a través de canales que desembocan en el mar, pasando por la mística Cueva de las Golondrinas.

El dato
Hospedaje
En el pueblo hay hoteles, además de opciones en Airbnb, y acceso a restaurantes con una gastronomía exquisita basada en mariscos, pescado y coco. También destaca un paisaje local de casas con murales, que junto al nombre y logo del municipio se convierten en un atractivo mirador para fotografías y selfis.

Jorge González

Periodista, fotógrafo, reportajista y editor fotográfico de El Nacional