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Devoción en honor a la Virgen de la Altagracia

Devoción en honor a la Virgen de la Altagracia

Se trata de la madre espiritual y protectora del pueblo dominicano, la Virgen de la Altagracia, pero no es una imagen más

Manuel Arias

marias@agn.gob.do

La veneración de la Virgen de la Altagracia, símbolo espiritual de nuestra sociedad y patrona del pueblo dominicano, es una tradición muy antigua.

Sus festividades se concentran en el mes de enero y abarcan todo el territorio nacional. De hecho, la virgen de la Altagracia es la más fervientemente venerada en cada una de las regiones del país.

Además, patrona de varias comunidades. Entre las que cobran gran colorido están las patronales de Monte Plata, las festividades de Villa Altagracia y San José de Ocoa.

Las que alcanzan gran relieve y esplendor. Mientras que la Basílica de Higüey, en la región Este del país, se convierte en centro de peregrinación los días 20 y 21 de enero.

Sin embargo, a nivel popular, desde el 12 de enero en numerosas comunidades de las diferentes regiones comienzan los novenarios a la virgen y las fiestas de velaciones de ofrecimientos.

En este ambiente de pueblo los homenajes se llenan cantos, rezos, salves, toques de atabales (palos), conformando un concierto de manifestaciones que rinden honor a la virgen.

En ámbito oficial, es la Iglesia Católica local la que encabeza la procesión consagrada a la Altagracia. 

Estas expresiones toman cuerpo desde Santo Domingo hasta Dajabón, desde Villa Altagracia hasta Samaná, como de San Cristóbal a Pedernales.

En la comunidad de Jinova, en la provincia de San Juan, se ejecuta para esta ocasión el “El baile de jucusión es representativo de las festividades que se celebran los días 20 y 21 de enero. Este baile, musicalmente, cuenta con cuatro tamboras de dos parches, que son golpeadas con una mano y un palito, acompañados de güiros y acordeón” (Galán y Méndez, 2011, p. 157).

La dimensión social del baile de la jucusión tiene la distinción, “en los bailes de ofrecimiento, bailan las mujeres y en los bailes de regocijo, bailan parejas dentro de la iglesia” (p.158).

Mientras que, “en los actos ceremoniales y rituales, se ofrecen comidas, ofrendas colectivas, despojos, baños de purificación en el río, rezos cantos y alabanzas, las cuales culminan con una procesión de Jinova al municipio de San Juan de la Maguana” (Galán y Méndez, 2011, p.158). Cabe señalar que esta tradición sanjuanera esta decayendo y en proceso de desaparición.

Desde la época colonial la devoción a la virgen de la Altagracia quedó sembrada en la región Este del país, región que ha mantenido viva la tradición de la peregrinación desde Bayaguana a Higüey, la cual conecta con la antigua tradición de la Hermandad de los Toreros y comisarios de la virgen, llevando como ofrendas toros y limosnas a la Basílica de Higüey durante las festividades de la Asunción de la Virgen del 9 al 14 de agosto.

De acuerdo a los datos ofrecidos en el “Calendario folclórico dominicano” (Dagoberto Tejada Ortiz, Iván Domínguez, y José Castillo Méndez, 2000), en la provincia María Trinidad Sánchez, en la ciudad de Nagua, y en el distrito municipal de Cabrera, las celebraciones de la devoción de la virgen comienzan con sus respetivos novenarios, fiestas de ofrecimientos, rezos, cantos, atabales, hasta el 21 de enero, con las procesiones en cada localidad de una misma región (p.18).

Pero donde mayor fuerza adquiere la veneración en honor de la virgen de la Altagracia es en la provincia Peravia (Baní), donde abiertamente se despliegan expresiones devocionales y espirituales centradas en las comunidades de Arroyo Hondo, Río Arriba, Montería y Nizao (p.18).  Estas cuatro de sus comunidades profesan un notable fervor a la virgen, que han adoptado como su madre espiritual. Sin dudas, es Baní donde se ha evidenciado con mayor intensidad el profundo y solido arraigo de la tradición de devoción a la virgen de la Altagracia.

Resulta notable, sobre todo, las creencias compartidas con la tradición de la Virgen de Regla, la cual data desde la colonia y constituye la santa patrona del pueblo banilejo.

Además, Baní cuenta con otras antiguas tradiciones como la Sarandunga de la Cofradía del Espíritu Santo en honor a San Juan Bautista, la cual proviene de la época de la colonización española en Pueblo Arriba, en Fundación, y en la comunidad de La Vereda.

Están también los Chuines de Baní, aunque más reciente, la presencia del venerado San Martín de Porres, el santo de los pobres, cuyo templo se encuentra en la comunidad de Las Tablas.

La coexistencia de variadas tradiciones devocionales con fuerte arraigo espiritual y cada una con sus respectivas celebraciones especiales y particulares, evidencia muy claramente que el sistema de creencia banilejo opera de manera armónica, equilibrando cada una de las manifestaciones de veneración de cada deidad del catolicismo popular, sin hegemoniza de ninguna fe en particular, ni procura imponerse, desaparecer o disminuir a las demás. Como tampoco produce ningún tipo de disonancia de identidades religiosas.

El autor es técnico del AGN.

Fernando Suero

Periodista, catedrático universitario, máster en periodismo digital y de datos; articulista de opinión.