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Fuego interno

Fuego interno

Elvis Lima

El partido es la base de sustentación de los gobiernos, una estructura que, como marca política, debe preservarse en unidad y armonía para resistir cualquier pequeño temblor de tierra que agriete las columnas que lo sostienen, tanto en el plano interno como externo.

Desde un punto de vista lógico, lo normal en un sistema democrático es que la oposición encienda la mecha de las críticas y la confrontación para ganar espacio; la excepción debería ser que el oficialismo se preserve para defender la obra de su gobierno en armonía y cohesión.

Al parecer, en el PRM no han podido cerrar la página del libro que sirvió de modelo al momento de abandonar la vieja casa del PRD, partido que, siendo el más antiguo de la historia democrática de la República Dominicana, ha sido paradójicamente uno de los que menos ha gobernado. En cambio, el PRM —ironías de la vida política— siendo el más joven, fue el primero en llegar al poder. Pero ojo: en política la historia no siempre se repite. Cada escenario es distinto y cada momento exige su propia lectura.

En la actualidad, el PRM está compelido a apagar un fuego interno que se inició en una esquina y amenaza con extenderse a toda la casa, tras la polémica generada por la supuesta venta de boletos a servidores públicos por parte de algunos funcionarios con fines recaudatorios.

Si bien es cierto que dichas acciones son antiéticas, corrosivas y divorciadas del mensaje de transparencia que, como buen director de orquesta, impulsa el presidente Luis Abinader —quien ha sido claro en que todos deben tocar la misma partitura al salir al escenario público—, en la práctica no todos han acatado la línea. Esta desviación, que cada día toma un giro más peligroso, de no frenarse podría llevar a una ruptura en la relación partido–gobierno.

El choque más reciente lo ha provocado el diputado Jorge Frías, quien se ha sublevado, cual Enriquillo, contra aquellos empleados que brindan informaciones a los medios sobre supuestos descuentos monetarios aplicados a sus salarios para financiar movimientos políticos. Su advertencia generó respuestas inmediatas desde la dirección del partido.

Ese fuego debe ser apagado no solo por lo que pudiera significar de cara al 2028, sino porque, en pocos días, el presidente Luis Abinader necesita un escenario interno sin ruido que evite distracciones mediáticas al momento de presentar la rendición de cuentas de su gobierno el próximo 27 de febrero. Empañar ese acto, y más aún desde las propias filas del partido, envía una señal de desafío a la autoridad que debilita la institucionalidad y, peor todavía, sirve de caldo de cultivo para una oposición fragmentada que hoy no luce compacta para librar una batalla electoral con reales posibilidades de éxito.
En política, los fuegos internos suelen ser más letales que los ataques externos.

No porque la crítica de la oposición carezca de fuerza, sino porque las fisuras internas erosionan la credibilidad del discurso oficial y desgastan la autoridad moral del liderazgo. Cuando el mensaje de transparencia no se traduce en disciplina interna, el costo no se paga en el corto plazo, sino que se acumula como una factura política que tarde o temprano llega.

El desafío del PRM no es solo ganar elecciones, sino aprender a gobernar sin repetir los errores históricos que condujeron al colapso de proyectos que nacieron con vocación de cambio y terminaron consumidos por sus propias contradicciones.

Por: Elvis Lima
limafueraderecordQgmail.com

El Nacional

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