El Gobierno de Taiwán ha ofrecido una encomiable muestra de pragmatismo diplomático al señalar que no se opone a los crecientes lazos económicos que se verifican entre República Dominicana y China continental, lo que permite que ambas naciones consoliden sus ya estrechos vínculos.
La Cancillería taiwanesa ha liberado al Gobierno dominicano de una desagradable disyuntiva que supondría tener que decidir sobre un tipo de relación exclusiva o incondicional con un aliado de 50 años, como ha sido Taipei, o con una metrópolis que se ha convertido en la segunda potencia económica mundial, como lo es Beijing.
China no reconoce a la República de Taiwán a la que considera una provincia rebelde, desde que el general Chiang Kai-Shek, derrotado por el Ejército rojo, se refugió en la isla Formosa y fundó una República que gobernó con mano dura hasta su muerte en 1975.
El Gobierno dominicano fue el primero que reconoció a la República de Taiwán, posesionado sobre 36 mil kilómetros cuadrados, que hoy con 23 millones de habitantes se erige como una de las grandes economías emergentes, con la que República Dominicana mantiene un activo intercambio comercial.
China, en cambio, ha crecido por encima de un diez por ciento en su Producto Interno Bruto (PIB) hasta llegar a convertirse en una mega economía, cuyos enormes excedentes han sido invertidos en bonos del Tesoro americano y en inversiones por todo el mundo.
En principio, el Gobierno de Beijing rehusó canalizar inversiones a Santo Domingo, bajo el alegato de que no tenía relaciones diplomáticas con esta nación, por lo que sus bancos estatales no podían conceder préstamos ni financiar proyectos con sectores públicos o privados, aunque las importaciones dominicanas de productos chinos iban en crecimiento.
Al decretarse una tregua en el dilatado conflicto entre China y Taiwán, el Banco de China y el Banco de Comercio Exterior de ese país han canalizado créditos hacia República Dominicana, como el otorgado para la construcción de un complejo turístico en la zona Este por 462 millones de dólares.
Se valora el gesto de Taiwán, de no interferir en los nexos económicos, financieros y tecnológicos entre Beijing y Santo Domingo.
Ojalá que pronto se resuelva el conflicto del Estrecho de China, para evitarle al Gobierno dominicano el amargo dilema de tener que escoger entre un buen amigo o un conveniente aliado.

