Opinión

Hace 80 años

Hace 80 años

Esta semana se conmemora el 80 aniversario del inicio de la 2da Guerra Mundial, que oficialmente comenzó con la invasión de la Alemania Nazi a Polonia el 1ro de Septiembre de 1939.

Los últimos 74 años de relativa paz, sin precedentes en la historia de la humanidad, han erosionado la memoria colectiva de las últimas generaciones, y muchos de los males que nos arrastraron al peor conflicto bélico que nuestra especie ha visto, están volviendo a reaparecer de forma alarmante.

La Gran Depresión, cuyo impacto fuera global, trajo consigo el desencanto popular con los gobiernos tradicionales, las instituciones internacionales, y el estatus quo de la post-guerra, lo que abrió espacio a liderazgos populistas que apelando al nacionalismo y al desdén por las instituciones, fueron ganando espacio de poder.

Pero antes de la 2da Guerra Mundial, el mundo estuvo envuelto en una gran guerra comercial, donde las principales potencias de todos los continentes impusieron impuestos y aranceles a los productos de unas y otras, y devaluaban sus monedas para tratar de ganar una ventaja comercial comparativa. Esto exacerbó los efectos de la Gran Depresión aumentando el malestar que luego justificó políticamente el inicio de la guerra.

A simple vista, las semejanzas de lo que estamos viendo hoy en día con lo vivido en los 1930s es francamente espeluznante. Seamos claros, una guerra como la que se vivió hace 80 años hoy implicaría el fin de la civilización como la conocemos. Pero hay diferencias significativas entre el mundo de hoy comparado a como estaba en los 1930s.

Las instituciones internacionales establecidas luego de la 2da Guerra Mundial son mucho más resistentes que a las existentes en los 1930s. La Liga de Naciones no tenía la relevancia ni el peso sobre la política interna de los países que muchas de las instituciones actuales sí tienen.

No ha sido la falta de deseo o voluntad política lo que ha complicado la salida del Reino Unido de la Unión Europea, o sostenido a la OMC, la ONU o la OTAN a pesar del abierto desdén de muchos líderes políticos de sus Estados miembros. Desenmarañar esas estructuras tiene un costo social, económico y geopolítico que pone en peligro la posición política interna de esos líderes.

El mundo se encuentra muy interconectado no sólo desde las telecomunicaciones, sino en las cadenas de producción y el ofrecimiento de servicios, lo que hace esa interconexión y su sostenibilidad en el tiempo parte fundamental de las economías y su futuro desarrollo y crecimiento.

El nacionalismo y el aislacionismo no son compatibles con el mundo que ha sido construido en los 74 años de relativa paz que ha vivido la humanidad. Es por esto que parte fundamental del discurso nacionalista descansa en socavar las instituciones que lo han hecho posible, y es justo por ello tan importante no olvidar las lecciones del pasado para preservar lo que tanto nos ha costado, y así no vernos nuevamente en el mismo sitio que estuvimos hace 80 años.

El Nacional

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