Al terror sembrado por los salvajes crímenes de las pandillas en Haití se ha agregado otro nefasto ingrediente que torna más incierta la vida en la nación: una ola de secuestros.
Los grupos criminales han apelado al medio de intimidación para obtener recursos económicos con el cobro de los rescates de los secuestrados.
El miedo a la captura por las bandas armadas ha alejado a las misiones internacionales que ofrecen asistencia alimenticia y sanitaria a familias haitianas azotadas por la pobreza.
La defensora de los derechos humanos Marie Yolene Gilles, integrante de la Fundación Je Klere, declaró que los secuestros se han intensificado en sectores del municipio de Delmas, que definió como una zona roja en proceso.
Los secuestros son un desafío para el recién electo presidente Alix Didier Fils-Aimé, sobre todo en su determinación de rescatar la seguridad como parte del proceso para garantizar la celebración de elecciones este año.
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La práctica evidencia, por más, que las tropas internacionales desplegadas en Haití no han podido doblegar a los grupos criminales que controlan una franja importante de Puerto Príncipe y de gran parte del territorio.

