La inexistencia de un sistema de transporte colectivo que llene las expectativas requeridas por la ciudadanía, en lo que tiene que ver con: frecuencia, puntualidad, capacidad de pasajeros, higiene, control sónico y otras, ha dado lugar a la más diversa e incontrolada modalidad de transporte.
La sobreabundancia de motores y la intrepidez de los motoristas provocan el sobresalto de los peatones que caminan por las aceras y calles del Gran Santo Domingo, y, por supuesto, de los conductores de vehículos de cuatro ruedas.
Ahora se ha agregado una legión que se desplaza en patinetas eléctricas. Aunque algunos alegan que son una alternativa económica y ecológica para desplazarse por la ciudad, la falta de regulación y de control han sido causa de accidentes lamentables, cuyas consecuencias han afectado no solo la seguridad de los peatones, sino también, de los propios usuarios del novedoso método de transporte.
El Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT), ha anunciado medidas para regular el uso de patinetas eléctricas, incluyendo la prohibición de circular por las aceras, y velocidad máxima de 20 km/h.
Lo penoso es saber que esas medidas, al igual que las anunciadas para controlar la circulación de los motoristas, en cuanto a no ocupar las cebras ni violar la luz roja, será incumplida ante la indiferencia olímpica y proverbial, de los agentes que tienen la responsabilidad de hacerlas cumplir.
Mientras tanto, los peatones y los conductores de vehículos de cuatro ruedas, seguiremos sobresaltados. Ojalá se produjera un milagro y las autoridades (todas) decidieran cumplir su responsabilidad.

