La tragedia acaecida ayer en Higüey que tuvo saldo de tres turistas franceses muertos y 26 heridos, habría ocurrido por la inobservancia o violación a señales de tránsito por parte del chofer del minibús que los transportaba, lo que ha sido causa principal de la mayoría de los accidentes en autopistas, carreteras, avenidas y calles.
El vehículo en que viajaban los turistas galos chocó contra una locomotora cargada de caña en el tramo carretero Higüey-Yuma porque el chofer no atendió repetidas señales de luces y sonidos que se activan mucho antes de que el ferrocarril cruce por la vía, según expuso el asistente del viaje, quien dijo que llegó a advertirle sobre el peligro que representaba esa acción temeraria.
La regla aquí para conducir patanas, camiones, carros, camionetas, motocicletas, bicicletas y triciclos es la de que se puede violar todas las señales rojas, de pare, precaución o ceda el paso y las que señalan límites de velocidad, lo que convierte el tránsito de vehículos en algo así como sálvese quien pueda.
Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) no parece tener entre sus deberes, el obligar a tantos conductores y choferes irresponsables a cumplir con la Ley 241 sobre Tránsito, por lo que constantes violaciones se perpetran en las mismas narices de sus agentes que no actúan por desidia o por miedo.
Los accidentes de tránsito constituyen la principal causa de muerte en República Dominicana y en términos relativos representan una de las más elevadas tasas de mortandad en toda la región, incluido Estados Unidos, por lo que se reclama de las autoridades combatir esta epidemia con verdadera voluntad política.
No ha sido posible siquiera obligar a conductores de motocicletas a usar casco protector ni a camioneros y patanistas y choferes de autobuses a respetar los límites de velocidad y no usar el carril expreso en las carreteras. Sin exagerar, el tránsito en el territorio nacional se asemeja mucho al infierno de Dante.
El trágico accidente de Higüey afecta al turismo nacional porque tres visitantes extranjeros perdieron la vida, según se afirma a causa de una inaceptable inobservancia de señales de tránsito que ordenaban detenerse ante el inminente paso de una locomotora.
Al lamentar profundamente esa tragedia, lo menos que se puede exigir es que las autoridades cumplan con su obligación de imponer, a cualquier precio, orden y respeto a la ley en calles, avenidas y carreteras, sin importar si los violadores estén amparados en patentes de sindicatos, asociaciones empresariales o que se presenten como padres de familia. ¡Basta ya!

