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Historia inteligencia artificial

Historia inteligencia artificial

Alberto Taveras

El desarrollo de la inteligencia artificial (IA) no ha sido una línea recta ni predecible. Es una historia marcada por ilusiones, retrocesos y avances disruptivos que han transformado la manera en que el ser humano se relaciona con la tecnología. Comprender su evolución permite entender por qué hoy la IA ocupa un lugar central en la vida cotidiana y en los grandes debates contemporáneos.

Todo comenzó en 1950, cuando el matemático Alan Turing formuló una pregunta que cambiaría el rumbo de la ciencia: ¿pueden pensar las máquinas? Para explorar esa idea propuso la prueba de Turing, diseñada para evaluar si una máquina puede mostrar un comportamiento inteligente indistinguible del humano.

Sin embargo, fue en 1956 cuando el término “inteligencia artificial” se acuñó oficialmente durante el Dartmouth Summer Research Project on Artificial Intelligence, considerado el acto fundacional de esta disciplina. Allí, investigadores liderados por John McCarthy se propusieron crear máquinas capaces de razonar y aprender. Ese mismo año surgió Logic Theorist, el primer programa de IA, capaz de demostrar teoremas matemáticos complejos.

Durante las décadas siguientes aparecieron avances alentadores. En 1966 se desarrolló ELIZA, el primer chatbot, que simulaba una conversación terapéutica básica. No obstante, las expectativas superaron rápidamente las capacidades técnicas disponibles. El entusiasmo inicial dio paso a la frustración y al escepticismo, provocando los llamados “inviernos de la IA”, períodos en los que disminuyeron la inversión y el interés público. Aun así, en esos años se consolidaron algoritmos, modelos y conceptos que resultarían esenciales para el futuro desarrollo del campo.

La década de 1990 marcó un punto de inflexión. En 1997, Deep Blue, el sistema de ajedrez de IBM, derrotó al campeón mundial Garry Kasparov, demostrando que una máquina podía superar al mejor humano en una tarea altamente compleja y estratégica. Paralelamente, proyectos como el robot Kismet exploraron la interacción emocional entre humanos y máquinas, ampliando los límites de la investigación.
En el siglo XXI, la IA dejó de ser un experimento de laboratorio para integrarse a la vida diaria.

En 2011, Watson de IBM ganó el concurso televisivo Jeopardy!, evidenciando avances notables en comprensión del lenguaje natural. Más tarde, el aprendizaje profundo y las redes neuronales impulsaron una nueva revolución. Hoy, la IA ya no es una promesa futura, sino una fuerza real que plantea oportunidades inéditas y dilemas éticos que exigen reflexión, regulación y responsabilidad colectiva.