(II)
Décadas atrás, homosexuales se regodeaban a escondidas, y ahora se exceden en su descubierta y una nueva generación ha optado por incursionar en los mass-media. Una porción se encopeta en el tobogán televisivo, mimados en la piltrafa lingüística del chisme y la intriga quebradiza de la privacidad, en tanto que un número apreciable estudia en escuelas de comunicación social.
El programa de esa estirpe podemos denominarlo El Trineo no apto para niños ni adolescentes, por el uso y abuso del discurso carnal en la ironía, el humor y la tropelía a la intimidad y honor en la tele y las caricaturas sobre la diversidad erótica y el cambio de sexo biológico en la serie de ciencia ficción difundida por Nefflix.
Ese bamboleo retrotrae a los viejos bares cabareteros sin decoraciones, mesas y sillas cojas, en empinar de copas de ron y cerveza baratos en pasavasos chatos, letreros con faltas ortográficas, olores penetrantes y música de doble sentido, trenzada por anfitrionas que pronuncian palabras sucias subidas de tono.
Los espectáculos son llevados a la televisión, donde solo producen programas de cocina, farándula, moda y estilismo, pero jamás educativos ni científicos. Estos ejercen una influencia poderosa en el desarrollo cognitivo, emocional y social de niños y adolescentes (formación de carácter), que suelen imitar los comportamientos y valores transmitidos por ciertos personajes, que se convierten en sus referentes y modelos.
Habitualmente perjudican el lenguaje de receptores, su concentración, rendimiento académico y capacidad para diferenciar entre materialidad y fábula. Pueden ser tanto rentables en la eficacia y adversativos en la nocividad en las conductas de riesgos, como el sexo, las drogas y la violencia.
Más de 100 gais están insertos en programas de farándula y modas de República Dominicana, y otra cantidad estudia comunicación en universidades (son tratados con respeto e igualdad por profesores y alumnos), que se empotra como una de sus carreras predilectas. La matrícula de mujeres en esas unidades académicas escala más de un 80% de los alumnos.
¿Es dable aceptarlos como orientadores de ciudadanos, o para el entretenimiento?
No a los pervertidos en la obscenidad y la difamación, que difieren de icónicos filósofos y pensadores, geofísicos y astronautas, inventores y descubridores, neurocientíficos y psiquiatras, matemáticos y músicos, antropólogos y literatos de la comunidad LGBTIQ+, que transmitieron un legado intangible de vida útil para futuras generaciones.
En colectividades permisivas aspiramos a que sus programas sean difundidos en horarios no aptos para menores, como en México, donde clasifican los contenidos en cinco tramos.
Niños y adolescentes urgen ser protegidos, y se aulla por la espiritualidad y la decencia, impuestas por entidades profesionales de la comunicación y propietarios de medios, para caminar hacia la información, la educación y la sanidad protectoras.

