Editorial

Ilegalidad y estafa

Ilegalidad y estafa

En una dilatada y extendida  violación a la ley, consumidores y usuarios son obligados  por suplidores e intermediarios a pagar  en dólares la adquisición de bienes o servicios, lo que ha creado un comercio paralelo que sólo reconoce la divisa estadounidense en sus operaciones.

Hasta donde se tenía entendido, la moneda oficial de circulación nacional es el peso, cuyo valor con  relación a divisas extranjeras es competencia de  un mercado libre, aunque  bajo control relativo de las autoridades monetarias.

Precios de artículos y servicios básicos, como inmuebles, vehículos, tejidos, primas de seguros, alquiler de viviendas, cabañas turísticas o locales comerciales, son requeridos en dólares, como si el peso no tuviera ningún valor o capacidad de circulación.

 Hay quienes justifican ese proceder bajo el argumento de que  el consumidor o adquiriente puede obtener  los dólares requeridos en el mercado de divisas o pagar el equivalente en moneda nacional, pero resulta que la ley otorga al peso fuerza liberatoria total, sin ningún subterfugio cambiario.

Esa economía paralela se constituye también en  fuente  de perjuicio para la ciudadanía que con frecuencia resulta estafada por quienes inflan los precios en dólares o calculan el valor de la moneda extranjera a tasas muy por encima de las prevalecientes en el mercado.

Vale recordar que  el artículo 229 de la Constitución de la República  señala que “la unidad monetaria nacional es el Peso Dominicano” y el siguiente expresa que “sólo tendrán circulación legal y fuerza liberatoria los billetes emitidos y las monedas acuñadas por  el Banco Central”.

 Hasta donde se tiene conocimiento la economía  dominicana no ha sido dolarizada, aunque por el volumen de transacciones que se realizan  con esa moneda, hay sospecha de que se marcha a toda prisa en esa dirección.

 Autoridad monetaria e  Instituto Nacional de Protección al Consumidor (Pro Consumidor) están en el deber de  proteger  al usuario y adquiriente de  los perjuicios que ocasiona esta economía paralela, antes de que  como resultado de tal ilegalidad, el peso valga menos que “las papeletas de Lilís”.

El Nacional

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