Editorial

Industria criminal

Industria criminal

La Policía incautó el lunes medicamentos falsificados valorados en más de 20 millones de pesos  en una vivienda  de Santo Domingo Este, donde las autoridades sospechan funcionaba un laboratorio ilegal.

Al saber de tan escandaloso suceso, el ministro de Salud Pública, doctor Bautista Rojas Gómez, admite que “hay un grupo de bandidos” que  trafica con  fármacos falsos, pero lamentó que la justicia no aplique condenas drásticas a tales delincuentes.

Si en una casa  particular se elaboran o almacenan medicamentos adulterados  con valor millonario, hay que  presumir la magnitud de esa  actividad criminal que suple mercados   diseminados por todo el territorio nacional.

Ante la admisión del  ministro de Salud de que operan  mafias organizadas que fabrican y venden medicamentos falsos, sin ser sancionados por los tribunales, a la ciudadanía no le queda más remedio que cruzar los dedos para que  al usar un fármaco que resulte  ilegal,  no se agrave  el mal que intentan conjurar.

En cualquier lugar de la geografía se  elaboran fármacos falsificados  que se expenden como si fueran marcas reconocidas para el tratamiento de enfermedades cardiovasculares, renales, hepáticas, respiratorias, de  vías digestivas, antibióticos y analgésicos, que en vez de sanar o aliviar el quebranto, agravan  la situación de salud del paciente.

En barrios de Santo Domingo y municipios del interior se han formado  grandes plazas de expendios de medicamentos falsos, sin que las autoridades  envíen a los tribunales a sus operadores, aunque tampoco los jueces  emiten condenas  cuando algunos de esos  delincuentes son  traducidos a la justicia.

La de  fármacos ilegales representa una industria criminal que  reporta centenares de millones de pesos al año, que ha prosperado al  amparo de la complicidad e impunidad y que  coloca en un hilo la vida del ciudadano que consume esos venenos.

El Nacional

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