Se puede afirmar que la industria militar dominicana está viviendo un momento histórico con los resultados que vienen dando la empresa estatal Industria Militar Dominicana, S.A. y el Fideicomiso Público para el Desarrollo de la Industria Aeronáutica y Espacial, pero para que estos logros puedan consolidarse en una verdadera industria militar nacional se debe fomentar la creación de empresas privadas criollas desarrollando y produciendo activos militares para nuestro país y potenciales compradores del exterior.
En apenas unos pocos años en República Dominicana ya se producen vehículos blindados y se ensamblan aviones de patrullaje, algo que hasta hace no mucho era considerado improbable sino directamente imposible para nuestro país. La iniciativa pública para lograr esto merece reconocimiento y es un esfuerzo que amerita cuidado y continuidad en los próximos gobiernos.
Dicho lo anterior, es importante que el Estado dominicano se vuelque a fomentar la iniciativa privada para el desarrollo de equipos militares no solo como un esfuerzo para atender sus necesidades estratégicas de defensa sino para profundizar las políticas de industrialización de nuestra economía.
Si bien los logros de la iniciativa pública han sido impresionantes, estos están sostenidos sobre una base frágil. El Fideicomiso Público para el Desarrollo de la Industria Aeronáutica y Espacial se extingue en 2028 y la gobernanza estratégica de la Industria Militar Dominicana, S.A. podría estar sujeta a modificaciones en cada cambio de gobierno, algo que no es propio de una industria que opera en líneas de tiempo que pueden extenderse por décadas, de ahí la importancia de la participación del sector privado.
El Estado debe fomentar la iniciativa privada para desarrollo equipos militares
Más aún, impulsar una industria militar privada en nuestro país sirve como punto de apalancamiento para las estrategias de industrialización de nuestra economía. El desarrollo de soluciones para uso militar tiende a generar aplicaciones para uso civil que en manos de empresas privadas facilita su comercialización a escala. Lo anterior podría implicar más inversión privada en investigación y desarrollo, más registros de patentes y dar las primeras pinceladas para crear una cultura de innovación para nuestro país.
El primer mensaje que debe dar el Estado es que no tiene planificado establecer un monopolio de producción militar a favor de las iniciativas públicas, esto con el propósito de estimular y viabilizar cualquier esfuerzo privado de producir sus propios activos militares para venderlos a las Fuerzas Armadas Dominicanas y cualquier aliado regional interesado. Por otro lado, es importante que se defina un marco regulatorio especial para la industria militar dominicana, no para agregar barreras de entradas sino para definir el marco de interacción entre el Estado y el sector privado para el desarrollo de activos militares y unas reglas de juego claras para facilitar su comercialización.
Los avances logrados por el Estado dominicano para hacer posible una industria militar en nuestro país son admirables, pero debemos asegurar su durabilidad y que esta pueda crear sinergias con la producción nacional, es por ello que la participación del sector privado ya se viene haciendo crucial.

