Editorial

Informe molestoso

Informe molestoso

El papel de gendarme que se ha atribuido no es para descalificar a priori el informe anual del Departamento de Estado que da cuenta de una corrupción generalizada en el país y de preocupantes violaciones de los derechos humanos, sino para revisar, sin el menor prejuicio, cada uno de esos aspectos.

Es posible que algunas acciones puedan explicarse, como lo referente a muertes extrajudiciales y casos de torturas que pueden darse en forma aislada, no como parte de un esquema de la lucha contra el crimen organizado y la delincuencia que han azotado a la población.

Por las violaciones que cometan agentes policiales, federales o antinarcóticos de Estados Unidos no se puede estigmatizar a sus instituciones ni a la sociedad. De hecho son muchos los sucesos horrorosos, como el atentado contra una congresista en Arizona, que han merecido la más enérgica condena contra violencia, el racismo y la intolerancia en esa nación.

Siempre se ha dicho que las pandillas en ciudades como Chicago y Nueva York no fueron combatidas con un decálogo de los derechos humanos, sino, como se ha dado en República Dominicana en la lucha contra la criminalidad, utilizando el mismo método de los grupos que siembran la inseguridad y la incertidumbre en la población.

En cuanto a la corrupción generalizada de que habla Washington resulta muy irritante. Pero más que enfadarse por la intromisión, la respuesta debería ser una cruzada eficaz para, en lugar de críticas por los frecuentes escándalos, que el país sea elogiado como modelo en ese sentido.

Molesta que el informe sea tan demoledor en materia de derechos civiles, sin discernir, como si se trata de alguna suerte de prejuicio,  sobre las circunstancias en que pudieron haber ocurrido algunos sucesos. Además de muertes y torturas a manos de fuerzas policiales, el Departamento de Estado objeta las pésimas condiciones de las prisiones, la aplicación de las leyes laborales y las que regulan el trabajo infantil.

Hay aspectos que no se pueden negar. Es cierto. Pero Washington se excede al catalogar de hostigamiento a grupos defensores de los derechos humanos cualquier incidente de poca monta. Y en cuanto a la violencia y discriminación contra las mujeres, la prostitución infantil y otros abusos de menores se trata de violaciones repudiables, que se verifican en las sociedades más desarrolladas.

El tráfico de personas es muy discutible. La necesidad de emigrar en aras de una mejor vida hace que la gente corra todos los riesgos para su propia existencia, poniéndose incluso en manos de rufianes. Y todo por la falta de solidaridad de las grandes potencias.

Además de la revisión de algunos aspectos la naturaleza del informe plantea también un examen de las relaciones con Washington, que al parecer no pasan por su mejor momento.

El Nacional

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