Opinión Editorial

Isla fascinante

Isla fascinante

Cuba desfallece ahogada por el recrudecimiento de un bloqueo económico impuesto por Estados Unidos que data desde hace 66 años y de un régimen que ha rehusado abrir compuertas de apertura política, ni aun cuando más de tres décadas atrás se produjo el derrumbe de la Unión Soviética, su mejor aliado y cirineo.

El gobierno del presidente Donald Trump aplica una veda al ingreso de petróleo a la isla lo que ha sumido a su población en la más abyecta indefensión económica y social, con interrupciones eléctricas de más de 20 horas diarias y grave escasez de alimentos y medicinas.

Tan grave es la crisis humanitaria que padece Cuba, que la potencia que la flagela le ofrece donarle US$100 millones para que prolongue su agonía, al tiempo que envía a La Habana al director de la Agencia Nacional de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, a ex plorar formas de rendición pacífica o algún acuerdo que reedite la receta venezolana.

Te puede interesar leer: El ejemplo de Adriana María

Como si fuera poco, se revela que un fiscal del sur de la Florida prepara un expediente penal contra el expresidente cubano Raúl Castro, de 94 años de edad, a quien le imputaría responsabilidad por el derribo en 1996 de dos avionetas de la organización anticastrista Hermanos al Rescate, que tuvo un saldo de cuatro muertos.

Producir un brusco cambio político en Cuba parece complicarse porque Trump no ha logrado poner término a la guerra en Irán y porque ese proyecto coincidiría con las elecciones de medio término en Estados Unidos, sin seguridades de que sería para bien o para mal a los intereses electorales del Partido Republicano.

La estrategia de la Casa Blanca contra el régimen cubano parece sostenida en el principio de “a Dios rogando y con el mazo dando”, toda vez que se formalizan negociaciones entre Washington y La Habana, pero se mantiene el bloqueo al ingreso de petróleo a la isla, se ofrece una donación de US$100 millones, pero se filtra un caso penal contra el ícono viviente de la Revolución Cubana.

Queda claro que esta vez Cuba tendrá que abrirse al mundo, como lo sugirió el fenecido papa Juan Pablo II, pero también Estados Unidos debe permitir que el mundo se abra a Cuba, una nación que no merece la condición de botín de guerra, ni que se le obligue solo a cambiar las cadenas que la atan, como condición para cesar su drama.

Esa Isla Fascinante no soporta sufrir otro largo “periodo especial” de hambre y constreñimiento económico derivados de crueles sanciones externas, pero tampoco que, en nombre de una revolución socialista, se justifique la conculcación al pueblo cubano de derechos inherentes a la persona humana.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación