Editorial

Juego de muchachos

Juego de muchachos

La gente no termina de entender que el vagón de la economía nacional marcha a todo vapor hacia el precipicio, acarreado por la alocada locomotora del alza exorbitante del petróleo que ha  provocado incrementos récord  en los precios internos de los derivados del crudo, con terrible impacto sobre el índice general de precios y los costos de operación  de la industria, la agropecuaria, el comercio, servicios, transporte,    turismo y telecomunicaciones.

El Ministerio de Industria y Comercio anunció aumentos de $5.50 en la gasolina Premium,  cuyo galón costará $214.20; de $4.80 en la  del tipo regular, que se eleva a $201.90, así como de $3.90 y $4.90 para el gasoil regular y premium, cuyos precios  subirán a  $184. 90 y $189.80, respectivamente, en tanto que el galón de avtur, experimentó un alza de $3.20, el keroseno de $350 y el fuel oil de $3.39.

A ese preocupante cuadro se agregan como  agravante  los  aumentos en precios de materias primas básicas como maíz,  trigo, soya y sorgo, sostén esencial de los sectores  agrícola, avícola, porcino y ganadero, lo que pone en riesgo los niveles de producción  de alimentos de consumo nacional, tales como pollo, huevos, granos, carnes y víveres.

A riesgo de  incurrir en necedad se reclama al Gobierno,  clase política,  sector empresarial,  academia y sociedad civil, colocar  como tema esencial de discusión y abordaje el impacto devastador  que sobre la economía producen las alzas incontenibles en los precios del petróleo y de los comodities, porque no es posible que la sociedad toda se quede en medio de la vía a la espera de ser arrollada por el tren.

Nada más importante ahora que unificar criterios en torno a qué hacer ante  una tormenta que ya  socava los cimientos de las cuentas nacionales y que amenaza con desestabilizar  los indicadores básicos de la economía y desatar los demonios de una inflación galopante, desempleo crónico y  más acentuada miseria y marginalidad.

Economías como las de España, Portugal, Irlanda y Grecia se baten hoy como barcos de papel en medio de un intempestuoso mar de una crisis global sin precedentes, mientras aquí se juega a la ruleta rusa o se  asiste con entusiasmo a improvisadas ferias de demagogia o a mesas de conciliábulo, en  vano intento por  salvar sólo una  parte de carga y pasajeros.

Es menester  advertir que lo que ocurre o pueda ocurrir en términos de crisis económica o social no es juego de muchachos, porque  a los males exógenos señalados se agrega  la difícil relación del Gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el marcado déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, el déficit fiscal y el agobiante endeudamiento externo.

Los actores nacionales deberían posponer el levantamiento de la carpa electoral y dedicarse a identificar alternativas de políticas públicas  que ayuden a aliviar los efectos del huracán  económico, cuyos terribles vientos ya se sienten en todas las actividades económicas. Que no fueron advertidos sobre la inminente llegada del demonio.

El Nacional

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