En la tradicional congregación de La Batalla de la Fe, uno de los actos religiosas de más trascendencia en el país, el reverendo Ezequiel Molina Rosario, tocó uno de los puntos más sensibles del sistema político: la justicia.
Al hablar ante miles de creyentes que desde tempranas horas se congregaron en el Estadio Olímpico, el principal orador del acto religioso advirtió que jueces y fiscales fueron designados para hacer cumplir la ley y no para torcerla mediante presiones políticas, favores indebidos o sobornos.
En el blanco como ha estado de la atención pública por diferentes casos que conoce o investiga, Molina se hizo eco hasta cierto punto de la inquietud de la población. Una amplia franja ha perdido la esperanza de que se juzgue conforme a las leyes a los responsables de escándalos de corrupción que lesionan a la población e intereses nacionales.
Molina no limitó su mensaje a lo político, sino que subrayó que el ejercicio del poder se vuelve muy peligroso cuando se divorcia de la ética, la justicia y el temor a Dios.
“Ninguna autoridad humana”, dijo, “escapará sin rendir cuentas ante Dios, aun cuando la justicia terrenal falle”.
Las miles de personas que desafiaron las lluvias para participar en la concentración expone el poder convocatoria de La Batalla de la Fe.
Como buen pastor Molina acotó que el hecho de que crímenes, abusos y actos de corrupción no sean castigados en los tribunales no garantiza impunidad, porque hay un día para la justicia divina. Habló para todos.

