Imagina que vas manejando tu vehículo, cuando súbitamente ves una yipeta impecablemente limpia, y de repente, bajan la ventanilla para lanzar un papel a la calle.
Esta escena, tan desagradable, se repitió ante mis ojos. Al detenerme en el semáforo, me coloqué al lado del conductor, un hombre de unos 40 años.
Le hice una seña y, al bajar su ventana, le dije: “Amigo, se le cayó un papel”. Inicialmente, no entendió, pero al mirarme nuevamente, su expresión cambió a desprecio y, sin decir nada, aceleró y se fue.
Este evento me recordó un video que grabamos en los años 90 con Corporán, cuando él era síndico de la capital.
En él, un cerdo estaba al volante, simbolizando a quienes arrojan basura en en la vía. -Tenía que ser un puerco- ¿No sería el momento de revivir esa idea y sensibilizar a la población sobre la importancia de mantener nuestras ciudades limpias? Cuando llueve, nuestra hermosa ciudad revela la suciedad que acumulamos y el irrespeto que mostramos hacia el medio ambiente.
Es urgente una campaña de concientización. Los alcaldes deben hacer cumplir la ley y multar a quienes arrojan basura en la calle y en las cañadas, que terminan contaminando nuestras playas y ríos.
Además, el gobierno central debe asumir su responsabilidad y prohibir de inmediato el uso del despreciable “fond”, bolsas y botellas de plástico, que constituyen una gran amenaza ambiental.
Propongo que estudiantes y profesores de todas las escuelas, tanto públicas como privadas, dediquen un día semestralmente a limpiar sus escuelas y parques, y a concientizar a la comunidad sobre la importancia de cuidar nuestro entorno.
La población también debe ser crítica con quienes contaminan, ya que esto afecta la salud y el bienestar de todos.
Una idea que podría ser efectiva es la elaboración de abanicos con la imagen de un cerdo, que se distribuyan entre la población.
Cuando alguien arroje basura, simplemente mostrarle el abanico, sin decir una palabra, podría avergonzarlo y hacerle reflexionar.
Estas son solo algunas propuestas. Es fundamental que el gobierno y los ayuntamientos trabajen juntos, y que se reconozca públicamente a quienes se destaquen en esta vital tarea.
Recordemos: ¡la ciudad más limpia no es la que se limpia, sino la que menos se ensucia! Y, por favor, dejemos que los puercos sean solo un manjar en la mesa, especialmente durante las fiestas. ¡No seamos puercos!

