Editorial

La Cumbre

La Cumbre

La Sexta Cumbre de Las Américas, que  concluye hoy en Cartagena de Indias, Colombia, tendría mayor éxito o relevancia si los  jefes de Estado y de Gobierno del continente logran que Estados Unidos incluya a América Latina en su agenda de prioridades de la que ha estado virtualmente ausente  durante  el gobierno del presidente Barack Obama. Ninguna de las cumbres  presidenciales anteriores patrocinada por la Organización de Estados Americanos (OEA) ha logrado  la atención de Washington hacia los problemas  de la región porque  los intereses mayores del hermano mayor han estado anclados por  décadas en Oriente Medio y Asia.

El tema del narcotráfico figura  como uno de los  principales  de la reunión,  aunque se resalta que los presidentes latinoamericanos han incluido en los debates otros asuntos que también se corresponden con las urgencias de sus respectivos países, como son los relacionados con economía, comercio y medio ambiente.

Dos décadas después de la primera Cumbre de Las Américas, Latinoamérica se erige hoy como una  de las regiones de mayor repunte económico  en el mundo, al recibir el 32 por ciento  de la inversión global y tener en su seno a Brasil, la sexta potencia económica, por lo que fue  oportuna  la reunión alterna que  congregó a más de 700 empresarios  de más de 20 países, en procura de promover negocios y desarrollo.

A pesar de no figurar en la agenda de prioridades de Estados Unidos, América Latina se ha convertido, al decir del presidente  del banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, “en el motor de la recuperación económica mundial”, al acaparar el 16 por ciento del comercio  y reducir la pobreza en un 17 por ciento.

Esa cumbre concluye hoy con la  repetida ignominia de  haber excluido a Cuba por  presiones de Estados Unidos, como si esa pequeña nación caribeña constituyera un peligro mayor para la humanidad o  que no resulte suficiente con  aplicarle  por  más de 50 años un  brutal bloqueo económico y comercial. El escenario de Cartagena de Indias fue aprovechado como pasajera plataforma electoral para impulsar el proyecto de reelección del presidente Obama, pero no hay dudas de que la Cumbre de Las Américas  acercará aún más a Latinoamérica en el impostergable propósito de impulsar una agenda de desarrollo que se corresponda con sus particulares intereses. Los resultados de la Cumbre de las Américas no generan muchas expectativas entre propios asistentes, pero ese cónclave  ha servido para  demostrar que  hace tiempo   el continente  encontró  formas de avanzar por propios pies, tanto en la consolidación de la democracia, como en su crecimiento económico, desarrollo social, transferencia tecnológica y reducción de la pobreza.

El Nacional

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