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La discreta complejidad de los  verbos irregulares

La discreta complejidad de los  verbos irregulares

La gramática de nuestra lengua   presenta tres modelos  para la conjugación de los verbos. Ellos son: amar, temer y partir, los cuales sabrán emplear todos los hablantes, independientemente de su grado escolar.

Los verbos que salen de ese patrón son los irregulares. La irregularidad es tan compleja que no permite agruparlos, son como cimarrones, y en consecuencia los regulares vienen  a ser  los “mansos”.  Los irregulares presentan cambios en su raíz o su terminación y  no toman en cuenta la forma que corresponde a su modelo de conjugación.

Por ejemplo,  renovar, volcar y forzar, que son  de la primera conjugación, no se comportan como su modelo /amar/. Se dice: renuevo y no “renovo”, vuelco y no “volco”, fuerzo y no “forzo”.

Por igual, torcer, mover y cocer, de la segunda conjugación, no siguen  la senda de /temer/, pues su raíz varía hacia el diptongo /ue/.

Decimos tuerzo, muevo y  cuezo, pero nunca “torzo o torco”,  “movo”  ni  “cozo”.

En la tercera conjugación, cuyo modelo es /partir/, aparecen unos rebeldes como: salir, hervir, decir. “Salgo”, “hiervo”, “digo”  se distancian del modelo, cuya primera persona del presente del indicativo es  /parto/.

La irregularidad tiene diferentes formas. Hay irregularidad vocálica  e irregularidad  consonántica.  La  vocálica ocurre, sobre todo, en el lexema de la raíz y generalmente se forma un diptongo. Es lo que ocurre con verbos como /heder y herir/ cuya raíz  cambia a –hie.  Decimos: hiedo, hiedes, hiede o hiero, hieres, hiere.

Igual ocurre con los verbos /oler, moler, morder/. La raíz hace un diptongo  en –ue. Y decimos: huelo, muelo, muerdo.

Por su lado, la irregularidad consonántica no deja de tener su comple  jidad. Consiste en  agregar una o más consonantes a la raíz del verbo. Ejemplos: abastecer y yacer  adquieren la consonante –z en su desinencia: abastezco, yazco. 

También hay casos en los que se sustituye una consonante por otra. Ejemplo en el verbo hacer se cambia –c por  la –g. Decimos  hago. En el verbo oír se da un caso diferente, pues se agrega una consonante  (ye) a la vocal del lexema de la raíz. Decimos: oye, oyeron.

Unos verbos se consideran de irregularidad mixta, pues se sustituye la vocal y la consonante en su raíz.  El mejor ejemplo es /decir/  que cambia a: digo, dices, dijeron, dijisteis…

Hay otras variantes que justifican considerar complejo el carácter de los verbos irregulares. Entre esos están los verbos defectivos, algunos de los cuales sólo se usan en tercera persona: atañer, acontecer. Otros que sólo usan el participio: aguerrido, despavorido.   Del verbo aterir, se dice, sólo se emplea en infinitivo y el participio: aterido.

Hay unos verbos que  sólo presentan irregularidad en el participio. Es el caso de escribir, cuyo participio es escrito.

El Nacional

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